alcedo


También se encuentra en: Sinónimos.

alcedo

s. m. Terreno poblado de arces. arcedo
Sinónimos

alcedo

sustantivo masculino
Ejemplos ?
El límite oeste lo constituye en gran parte la línea de ferrocarril Madrid-Valencia por Almansa y el este, las tierras de marjal de la Albufera. El núcleo urbano está totalmente conurbado con Alfafar, Benetúser, Horno de Alcedo (Valencia) y Lugar Nuevo de la Corona.
Este virrey, tan apasionado por el cáustico y libertino poeta de las adivinanzas, no pudo soportar que el religioso de San Agustín fray Juan Alcedo le llevase personalmente y recomendase la lectura de un manuscrito.
Entre sus instrucciones reservadas traía el pesquisador la de destituir a Alcedo y nombrar reemplazante en caso de resultar plenamente comprobado cierto punto de acusación.
Regresando para España, llamado por el rey que le excusaba así el rubor de volver a Quito, como dice el cronista Alcedo, quiso el obispo visitar el reino de México, en cuya capital murió el 19 de noviembre de 1718.
La encontrará usted, si se despierta su curiosidad por conocerla, en la pána 120 del cuarto tomo de Tradiciones Peruanas, (Edición de Barcelona). Decía en ese artículo que mejores versos que los de don José de La Torre Tgarte merecía el magistral y solemne himno de Alcedo.
5.ª La del padre fray Cipriano Aguilar, maestro de capilla de los agustinianos. 6.ª La del maestro Alcedo. Apenas terminada la ejecución de la última, cuando el general San Martín, poniéndose de pie, exclamó: -¡He aquí el himno nacional del Perú!
Que el virrey limeño fue el más honrado, enérgico, laborioso y querido entre los treinta y siete virreyes que hasta entonces tuvo la patria de Guatimoc, no sólo lo dicen Feijoo, Peralta, Alcedo y Mendiburu, sino el republicano e imparcial Rivera, historiador de los sesenta y dos gobernantes y virreyes durante la época colonial.
Llamábase José Bernardo Alcedo y vestía el hábito de donado, que lo humilde de su sangre le cerraba las puertas para aspirar a ejercicio de sacerdotales funciones.
Queridísimo amigo: Há poco más de quince años que, con el título de «La tra- dición del Himno Nacional publiqué, no recuerdo en cuál periódico de Lima, una biografía del maestro Alcedo, falle- cido en 1879.
Como es fácil de adivinarse, Arias de Londoño y Ruiz Alcedo se mascaban y no se tragaban, y había entre ambos la de mátame la yegua, que de matarte he el potro.
A los diez y ocho años de edad, los motetes compuestos por Alcedo, que era entusiasta apasionado de Haydn y de Mozart, y una misa en "re mayor", sirvieron de base a su reputación como músico.
Rosa Merino, la bella y simpática cantatriz a la moda, cantó las estrofas en medio de interminables aplausos. La ovación de que en esa noche fue objeto el humilde maestro Alcedo es indescriptible para nuestra pluma.