Ejemplos ?
sta breve pizarra en hoyo poco albo esqueleto encierra, no de varón que armado de diamante en mortífera guerra apresuró el imperio de la muerte del Tajo al Orinoco, porque supo matar, nombre triunfante del tiempo y del olvido.
Boca en bisel, como un espejo afable que no hable... Medias de albo color, para que vaya por la cernida arena de la playa... Las deleznables manos, que cavan pozos enanos, son carceleras de los océanos...
Quedó admirado el conde de cuanto vio en aquella rica morada que hemos descrito; pero de nada tanto como de la hija del dueño, a la que, enlutada y cubierto el albo cuello de rubios rizos, hallaron escribiendo y llorando en un apartado gabinete, que tomaba del jardín luz y fragancia.
En mi memoria vive siempre el recuerdo de sus manos blancas y frías: ¡Manos diáfanas como la hostia!... Al verla desmayada la cogí en brazos y la llevé a su lecho, que era como altar de lino albo y de rizado encaje.
Avergonzada y conmovida bajaba los ojos a medida que yo leía. Su tez blanca y rosada resaltaba aun con mayor frescura en contraste con su albo vestido y cabello destrenzado.
Así continuaban las cosas, creciente pesadilla que iba a volverme loco, hasta cierta mañana tibia y diáfana en que hallábame en la confitería Marrón, tomando algunos refrescos en compañía de Mirtho. Ante la parva mesa de albo caucho traslúcido estábamos a solas.
Enviaron una legación a Atenas con instrucciones de hacer una copia de las famosas leyes de Solón y estudiar las instituciones, costumbres y leyes de los demás estados griegos. Sus nombres eran Espurio Postumio Albo, Aulo Manlio y Publio Sulpicio Camerino.
El centro se asignó al legado Espurio Postumio Albo, al mando de medio ejército; el otro legado, Publio Sulpicio, fue puesto al mando de la caballería.
Cuando en alta noche tranquila, sobre las teclas tu mano blanca." (?) La Luna -osa de plata- deshoja ya, su tesoro sobre los frondajes de oro del jardín azur y plata; la fuente, su serenata, abandona a los Cefiros; y los profundos zafiros que enjoyan tu banca mano, tiemblan, en lo albo del piano, del que arrancas mil suspiros...!
Detiénese al pie de la obra maestra, compara las líneas de ésta con las de su propio ideal de belleza, la encuentra deforme, escoge un nombre que dar a la supuesta enfermedad del artista que la produjo y pega el tiquete clasificativo sobre el mármol augusto y albo.
Suspenso el concurso entero entre dudas se embaraza, cuando en un potro ligero vieron entrar por la plaza un bizarro caballero. Sonrosado, albo color, belfo labio, juveniles alientos, inquieto ardor, en el florido verdor de sus lozanos abriles.
Las negras y luengas trenzas con negligente prendido dan más blancura a su frente, dan a sus ojos más brillo, dan más carmín a sus labios de amor poderoso hechizo, dibujando un albo cuello y un seno de ángeles nido; pues viendo en él agrupados a los dos infantes lindos, el llamarle de esta suerte no es exagerado estilo.