albigense

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albigense

1. adj. De Albi, ciudad de Francia.
2. s. m. y f. Persona natural de esta ciudad.
3. adj./ s. m. y f. RELIGIÓN Que profesaba una doctrina herética que tuvo su principal asiento en la ciudad de Albi en el s. XII.

albigense

 
adj.-com. De Albi.
hist. relig. Díc. del cátaro hereje que en los ss. XII y XIII existió en el Mediodía de Francia. Las doctrinas de los albigenses, de origen maniqueo, negaban la eficacia de los sacramentos y condenaban el culto externo, la jerarquía eclesiástica y la posesión de bienes por el clero.
Ejemplos ?
Se condenó a Arnaldo de Brescia. Convocado bajo el papa Alejandro III en 1179, para condenar a los albigenses y valdenses, y de nuevo la simonía.
Este aplazamiento permitió a Honorio dirigir su atención a apoyar la cruzada contra los albigenses que, encabezada por el rey Luis VIII de Francia, tenía lugar en el sur de Francia y que probaría la toma de Avignon a pesar de las protestas de Federico II que la consideraba una ciudad imperial.
El Siglo XIII asiste en el Mediodía francés al apogeo de la herejía cátara, llegando incluso a conocerse a sus adeptos con el nombre de albigenses (por la ciudad de Albí, perteneciente a los condes de Tolosa).
Otro de sus hermanos, Guy resultó muerto durante el sitio de Castelnaudary en 1220 y es posible que el propio Simón participara en las Cruzadas albigenses durante los años veinte.
Fue convocado bajo la autoridad del papa Inocencio III en 1215, para condenar varias herejías: de los albingenses, de los valdenses, del abad Joaquín de Fiori, y otras. Se elaboró un credo más extenso, contra los albigenses.
Durante su pontificado, Bernardo de Claraval redactó la regla por la que se debería regir la recientemente fundada Orden del Temple siendo reconocida oficialmente por Honorio en el concilio de Troyes. Combatió la herejía de los albigenses para lo cual convocó un concilio en Toulouse.
De esta casta brotaron los principales fautores de Trento, y los llamados Domini canes, la Orden de Predicadores que se estrenó contra los albigenses, y la Milicia de Jesús más tarde.
El mismo Santo Domingo cuando, crucifico en mano, encabezó la matanza de los albigenses, echaba cada "Sacre nom de Dieu" y cada taco, que hacía temblar al mundo y sus alrededores.
El autor de la Cristiada hubiera debido decirnos por lo menos donde ha pescado esta rapsodia de Massillon, del mismo modo que hubiera debido informarnos donde ha leído que los Albigenses tuvieron la osadía de imputar a Jesús una inteligencia indigna de él con Magdalena.
En 1599 escribió un tratado de Rege, et Regis institutione, admirable por el estilo y erudición, si hubiera hablado con mas piedad y reserva: como también en los de Monetœ mutatione, y de Immortalitate, que le ocasionaron una persecución porfiada. Dió á luz en 1608 el Cronicón, y el Tratado contra los Albigenses de Lucas Tudense, con otras muchas obras.
, que santa María Magdalena había tenido complacencias criminales con el Salvador del mundo. Dice en la página 130, línea 11 de la nota, que esto es una pretensión de los Albigenses.
En seguida lo nombró el papa inquisidor del Languedoc, y fundó allí su orden, que en 1216 fue aprobada por Honorio III: el conde de Montfort tomó por asalto bajo los auspicios de santa Magdalena la ciudad de Beziers, y pasó a cuchillo a todos los habitantes; y en Laval se quemaron en una sola vez cuatrocientos Albigenses.