Ejemplos ?
Entonces Homais preguntó cómo había sobrevenido este accidente. Carlos respondió que le había dado de repente, mientras comía unos albaricoques.
Carlos, por obedecer, se había vuelto a sentar, y echaba en su mano los huesos de los albaricoques que depositaba inmediatamente en su plato.
Todavía hay fresa abundante, y las cerezas entran enredadas unas en otras, porque no les gusta ir solas; que bien se conoce su cortedad de genio en el vivo rubor que enciende sus mejillas. Las uvas y melones no vienen aún; pero Toledo nos manda sabrosos albaricoques.
Girard se puso su blusa nueva, ató su pañuelo alrededor de los albaricoques, y caminando a grandes pasos con sus grandes zuecos herrados, tomó tranquilamente el camino de Yonville.
Emma no aguantaba más, corrió a la sala como para dejar a11í los albaricoques, vació el cestillo, arrancó las hojas, encontró la carta, la abrió y, como si hubiera habido detrás de ella un terrible incendio, Emma empezó a escapar hacia su habitación, toda asustada.
Felicidad volvió a poner en el cesto los albaricoques esparcidos por el aparador; Carlos, sin notar el color rojo de la cara de su mujer, pidió que se los trajeran, tomó uno y to mordió.
Y de los conventos de frailes pasaban a los monasterios de monjas; y de cada visita regresaba a casa la niña del antojo provista de ramos de flores, cerezas y albaricoques, escapularios y pastillas.
Yo les pedí perdón a los albaricoqueros por haberles mil veces arrancado sus albaricoques, antes de madurar, con desapoderada impaciencia.
Desenredó luego Poldy más de un metro de listón que estaba devanado en la tela de seda, dándole forma de ovillo, y desenvuelta la tela, que era del color de los albaricoques, vio escritos en ella con muy negra tinta varios renglones en extrañas y menudas letras.
Al día siguiente, cuando se levantó, alrededor de las dos (se había quedado dormido muy tarde), Rodolfo fue a recoger una cestilla de albaricoques, puso la carta en el fondo debajo de hojas de parra, y ordenó enseguida a Girard, su gañán, que la llevase delicadamente.
Y hay cerezas de color de labios, y jugosos albaricoques que están diciendo «comedme», y unos manojos de espárragos semejantes a manojos de pinceles, con los cuales se hacen primores a la aguada, al óleo y al vinagre.
Junto con las yuntas llegáronle semillas o plantas de melón, nísperos, granadas, cidras, limones, manzanas, albaricoques, membrillos, guindas, cerezas, almendras, nueces y otras frutas de Castilla no conocidas por los naturales del país, que tal hartazgo se darían con ellas, cuando a no pocos les ocasionaron la muerte.