alambrado

alambrado

s. m. Alambrera, red con que se protegen alimentos, ventanas o braseros.

alambrado, -da

 
adj.-s. Cercado de alambres.
f. Alambrera.

alambrado

(alam'bɾaðo)
sustantivo masculino
cerco de alambres tensado con postes El alambrado muestra el límite de nuestros campos.
Traducciones

alambrado

Verdrahtung

alambrado

cablaggio

alambrado

câblage

alambrado

fiação

alambrado

الأسلاك

alambrado

okablowanie

alambrado

καλωδίωση

alambrado

окабеляване

alambrado

חיווט

alambrado

配線

alambrado

배선

alambrado

SM (= red) → wire netting; (= cerca) → wire fence, wire fencing (Elec) → wiring, wiring system
Ejemplos ?
Aseguraban algunos que los postes del alambrado para él se volvían gente y lo tenían al corriente de todo lo que pasaba en el campo.
Morán quedó solo en el centro de un paisaje que parecía haber guardado, hasta en los últimos postes del alambrado, la impresión de su mujer.
Vio que en el alambrado había portillos, por donde entraban haciendas de los vecinos y recargaban el campo, desflorando, por supuesto, las mejores partes.
Hoy, en franca convalecencia. Estamos detenidos junto al alambrado viendo avanzar la mañana dulce. A ambos lados del cochecito de nuestra hija, que hemos arrastrado hasta allí, mi mujer y yo miramos en lontananza, felices.
Un choque se había producido, y jinetes y caballo habían venido por tierra. "¡No es nada; es un alambrado!" Era la voz de Larrea, que estaba ya montado y nos invitaba a hacer otro tanto.
El hombre echó, en consecuencia, una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla.
No había para él partido político, ni pobres, ni ricos, y lo mismo hubiera prendido al estanciero poderoso, por haber cortado un alambrado para dar paso a su break lujoso, que a un vago, por haber carneado de noche, o al pulpero, por haberle comprado el cuero.
Sin ser del pago, no sólo ya conocía del campo cada mata de pasto y cada charco de agua, sino el nombre, apellido y filiación de cuanto bicho dañino había en la vecindad, sus mañas, sus costumbres, el número y el pelo de sus caballos; y, cosa rara, cada vez que alguno había querido pegar malón, había topado, en el momento de desatar el alambrado, o de hacerlo franquear por el caballo, con perros de la estancia, que, amenazándole de cerca las pantorrillas y esquivando los tajos, le habían ladrado hasta que, de entre la obscuridad de la noche, los llamase una voz tranquila, algo irónica, con un despreciativo: «¡Dejalo, hijo!» Pronto la conocieron todos, esta voz, por ser la de Ciriaco, aunque nunca se dejase ver, y empezó a criar fama de brujo.
Todo, todo exactamente como siempre; el sol de fuego, el aire vibrante y solitario, los bananos inmóviles, el alambrado de postes muy gruesos y altos que pronto tendrá que cambiar...
Desde el poste descascarado que toca casi con las botas, hasta el cerco vivo de monte que separa el bananal del camino, hay quince metros largos. Lo sabe perfectamente bien, porque él mismo, al levantar el alambrado, midió la distancia.
Queda la hacienda bajo el cuidado de los peones del comprador, que la van marchando despacio, atajando la punta delantera, hasta pasar la tranquera del alambrado.
Aquel pegaba con el taco en la palanca de cambios y decía: ¡Che que tiempo perro!... Y llovía de tal manera que ya no se veían los árboles ni el alambrado de los Martínez que corría rozando el arroyo...