al raso


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Ejemplos ?
Los concursantes cuentan con una serie de elementos que les son útiles para cubrir sus etapas: La mochila: llevan ropa, la comida que han podido comprar y los sacos para dormir al raso.
C., aparecen nuevos soldados en las inscripciones, los hypaithroi, que parecen ser los sucesores de los perípolos. Como su nombre indica («soldados al aire libre»), patrullaban la chôra y podían dormir al raso.
Cuenta que la primera noche, cuando fue a meterse en su saco de dormir, se dio cuenta de que se había equivocado: había cogido el de su hijo y no cabía. Tuvo que dormir al raso.
La duración de un campamento depende de sus finalidades, pudiendo variar desde unas cuantas horas hasta muchos meses. Si el campamento dura solo unas cuantas horas y en el mismo se pernocta al raso, se trata de un vivac.
¡Inmólenos pues a ambos a la vez para que así vea del amor la prez!» Llega al portón a la hora del ocaso, y allí divisa ya erguida la cruz presidiendo la absorta multitud con su adorado amigo atado al raso.
Se abrigó lo mejor que pudo, bajó la escalera de puntillas, se apoderó de la llave de la puerta, abrió y volvió a cerrar, y se encontró al raso, con bastante frío, y llevando en las manos el Nacimiento, apagado, que, por dicha, si bien tenía alguna balumba, pesaba muy poco.
ientras se terminaba la fábrica del palacio de Lima, tan aciago para el primer gobernante que lo ocupara, es de suponer que Francisco Pizarro no dormiría al raso, expuesto a coger una terciana y pagar la chapetonada, frase con la que se ha significado entre los criollos las fiebres que acometían a los españoles recién llegados a la ciudad.
Mientras él cavaba, regaba y se entregaba a las ddemás faenas de su oficio, gozaba yo de un agradable reposo, pero cuando la ordinaria revolución de los astros nos trajo, a fuerza de días y meses, una nueva estación e hizo suceder a las deliciosas vendimias de otoño, el húmedo Capricornio; cuando llegó el invierno con sus fríos, sus coutinuas lluvias y sus largas noches, fue ya la cosa muy distinta. Atado al raso, en una cuadra sin cobertizo, sufrí incesantemente los rigores del frío.
Asimismo, ni que el lugar tuviera claridad, de la quitaría el polvo, que si al raso es una cosa pesada y molesta ¿qué hacer allí, donde se revuelve sobre ella misma, y donde, cerrada y sin ninguna espiral, cae sobre lo mismo que la ha levantado?
En el sucio carro donde se hacinan mustios o gruñidores los perros errantes, famélicos, extenuados de hambre y de calor, fue lanzada una perrita inglesa, de la raza más pura; una galga de ese gris que afrenta al raso, toda reflejos la piel, una monería; estrecho el hocico, delicadas como cañas las patitas, y ciñendo el pescuezo flexible un collarín original: imitado en esmalte blanco sobre oro un cuello de camisa planchado con las dos pajaritas dobladas graciosamente, y una minúscula corbata azul, cuyo lazo sujetaba un cuquísimo imperdible de rubíes calibrés; todo ello en miniatura, lo más gentil del mundo.
Cuando el Ogro al rebaño andar ordena al antro, y dentro de él ninguno siente, y ve que ha de privarse de su cena; culpa a Lucina, que es de ello inocente; y a estar encadenada la condena al raso en el peñasco prominente.
Que hay vez que su desdén vuelve benigno y otras lo inflama más; mas supe de esto, luego de estar de oscuridad vestido, pues era al ruego mío mi sol ido; y, no hallando hasta allí donde veía sombra suya, ni huellas de su paso, como el que duerme al raso me recosté sobre la hierba un día.