Ejemplos ?
-No, pos lo que es en este caso -dijo el tabernero, que, al barruntar la al parecer conjurada pelea, habíase acercado al grupo- no es el Petaca el que está en lo firme, que no es el más valiente el que da más puñalás, que casos hay en que no darle a un gachó un crujío es siete veces más de macho que zumbarle la pandereta.
Dolores fue a contestarle, pero tropezaron sus ojos con los de la señora Rosario, posados en ella con severa expresión, y dando media vuelta dijo con acento desdeñoso y sin dirigirse, al parecer, a don Paco: -¡Vaya una mañanita con mal arate, chavó!
Cuando más engolfados y abstraídos estaban todos, al parecer, en sus respectivos quehaceres, -Ya tenemos ahí a esos caballeros -dijo Joseíto sumando uno más a la larga serie de sus matinales bostezos.
Sócrates: Luego, al parecer, puesto que obra algunas veces útilmente, obra sabiamente, es sabio; y sin embargo, él no se conoce, no sabe que es sabio.
-¿Y tisté cree que yo me voy a esperar aquí a que usté se cargue conmigo esa malilla faena? -Vamos, compadre, usté perdone - exclamó el Tarumba, al parecer arrepentido de sus belicosas palabras -.
Luego de alguna demora, llegó al embarcadero un carro conteniendo una caja oblonga de pino, que al parecer era lo único que se esperaba.
Podían analizarse unas muestras, desde luego, de modo que él mismo se encargó de agenciárselas..., y al parecer aquellas muestras provocaron el más inextricable rompecabezas con que se enfrentara nunca el laboratorio de la Universidad.
El traje oscuro que llevaba, pasado de moda y al parecer de casimir muy fino, ajustaba a la perfección con la delgadez de su soberbia humanidad.
Esta inscripción es, a mi parecer, el saludo que el Dios dirige a los que entran, en lugar de la fórmula ordinaria: ¡sed dichoso!; creyendo al parecer que este saludo no es conveniente, y que a los hombres debe desearse, no la felicidad, sino la sabiduría.
Porque los artistas de que acabamos de hablar viven según la ciencia, y sin embargo tú no admites que sean dichosos; al parecer sólo tienes por felices los que viven según ciertas ciencias.
Entonces comencé a oír, brotando del piso, las risas y los gritos enronquecidos de unas mujeres, al parecer ancianas, burlándose de mí; canturreando: ¡Ja!
Esto diciendo, el buen hombre, sentándose en su barca, aparejó los remos, y cuando Sara, que no era otra la persona a quien al parecer había aguardado hasta entonces, hubo saltado al barquichuelo, soltó la amarra que lo sujetaba y comenzó a bogar en dirección a la orilla opuesta.