Ejemplos ?
Estaba dado al diablo con aquello y, pensando qué hacer, se acordó de convidar al pueblo, para otro día de mañana despedir la bula.
Laurie poseía todo tipo de riquezas, le ponía una vela a Dios y otra al Diablo y era Whig o Tory, pecador o santo según soplasen los vientos.
Como hallase el pan ratonado y el queso comido y no cayese el ratón que lo comía, dábase al diablo, preguntaba a los vecinos qué podría ser comer el queso y sacarlo de la ratonera, y no caer ni quedar dentro el ratón, y hallar caída la trampilla del gato.
Ante tamaño desacat9 murmuró el Obispo:— Si san Dunstán sujetó al diablo cogiéndolo por la nariz, yo sujetaré á estos DeHac'os cogiéndolos por el cer iguillo.
Su estilo es tan agudo, claro, natural y de tal fuerza, que enseguida se reconocen los tipos que pinta. Este Dios no manda a los malos al diablo, pues él es pródigo en buenas palabras y buenos palos.
Al cabo de varios días encargó a Jeannette que cortara la punta del dedo meñique de su hermano y que se lo llevara, para ver si estaba ya lo suficientemente gordo para ser comido. Jeannette tomó una rata, le cortó la cola y le llevó un trozo al diablo, asegurando que era el dedo de su hermano.
¡Dzapo, Labri, Dzappe (Labri, ladra)! El perro se puso a ladrar al diablo como si quisiera morderle. ─ Caray con el animal ─gritó el diablo─, yo no hablo con tu perro.
El criado fue con el recado y volvió: – Dice que le pongan mejor una multa. – ¡Al diablo! Si no quiere tocar el bombo, allá él: que se largue adonde le dé la gana.
¿No está viendo que me falta, precisamente, lo necesario para aspirar el rapé? ¡Al diablo con su tabaco! Ahora no puedo ni verlo, aunque me lo ofreciera de la mejor marca y no esa porquería que fabrica Berezin.
Dijo el sacerdote al albañil: ─ Aunque necesites recurrir al diablo para que te ayude, hace falta que consigas construir el puente.
Saben bien que soy viejo, que soy cojo. ¡De otra manera los mandaría al diablo y me ocuparía yo solo de Pascual! Efraín se despertó quejándose y Enrique comenzó a toser.
Un hombre, soldado en apariencia, sentado en una de ellas cantaba al son de la guitarra la resbalosa, tonada de inmensa popularidad entre los federales, cuando la chusma llegando en tropel al corredor de la casilla lanzó a empellones al joven unitario hacia el centro de la sala. —A ti te toca la resbalosa —gritó uno. —Encomienda tu alma al diablo. —Está furioso como toro montaraz.