Ejemplos ?
La tuya, al contrario, una magnífica sabiduría y rica de las esperanzas más bellas, como lo atestiguan el brillo con que luce desde tu juventud y el aplauso que más de treinta mil griegos acaban de tributarle.
Y decirles a esos jóvenes que tienen mucha más suerte que cuando él era joven, porque están en un país mucho pero mucho mejor, en un país que no los abandonó, en un país que no los condenó ni persiguió. Al contrario, en un país que los convocó, en un país que los ama, que los necesita, en un país que vamos a seguir haciéndolo distinto entre todos.
En cuanto a mis atributos personales, no me faltan. Al contrario, pienso que tengo buena figura, y poseo lo que el noventa por ciento de la gente llama un rostro atractivo.
Así es que estando de acuerdo con Phaidros en muchos otros puntos, no puedo convenir con él en que el Amor sea más antiguo que Saturno y Japetos. Sostengo, al contrario, que es el más joven de los dioses y que su juventud es eterna.
Y por éstos con todos pudo vengarlos a todos; lo que no alcanza quien pretende con la ambición de los unos vengar las quejas de los otros, o hartar su cudicia. Al contrario en todo Marco Bruto, ¿qué cosa más elegante que sus escritos, más admirable que sus estudios, más docta que sus oraciones, más reverenciada que sus costumbres, más desinteresada que sus gobiernos y más valerosa que su persona?
Su rostro, forrado de ilusiones, de esperanzas y de vehemencias, tenía siempre una sonrisa para todos, una palabra de aliento, un gesto de comprensión lo mismo para el que lo estimaba como para aquél que lo ofendía. Jamás lo habían visto apesadumbrado, al contrario, siempre optimista y alegre.
Del mismo modo puede decirse que si lo que es susceptible al frío estuviera exento necesariamente de perecer, por muchas cosas frías que se echaran sobre el fuego jamás se extinguiría éste, jamás perecería; al contrario, saldría de allí con toda su fuerza.
Y todo esto, sin embargo, no sólo no está mal en un hombre que ama, sino que, al contrario, le sienta maravillosamente; no solamente se soportan las bajezas sin ver en ellas nada deshonroso, sino se le aprecia como a un hombre que cumple bien su deber; y lo más extraño todavía es que los amantes son los únicos perjuros a los que no castigan los dioses, porque se dice que en el amor no obligan los juramentos, ya que es verdad que en nuestras costumbres los hombres y los dioses permiten todo a los amantes.
Porque si en la esperanza de la ganancia se abandona uno a un amante al que se le creía rico y luego se reconoce que es pobre y que no puede cumplir la palabra que dio, la vergüenza no es menor, porque se ha hecho ver que ante la perspectiva de un provecho se puede hacer todo por todo el mundo, lo que dista mucho de ser bello. Al contrario...
Y todo lo que se puede inferir de ello es que puede durar mucho tiempo y que estaba en alguna parte antes que nosotros, durante siglos casi infinitos; que durante ese tiempo ha podido conocer y hacer muchas cosas sin ser por esto más inmortal; que, al contrario, el primer momento de su venida al cuerpo ha sido quizá el principio de su pérdida y como una enfermedad que se prolonga en las angustias y debilidades de esta vida y que acaba por lo que llamamos la muerte.
pero la autoridad de alguna forma nos pertenece. Por ello generalmente las leyes y las instituciones se ajustan a la autoridad y no al contrario, como supuestamente debiera ser.
¿Me guarda usted rencor porque, desde aquella mañana, no hemos vuelto a jugar al tute? -¡Muy al contrario! ¡Alégrome de que hayamos dejado también esa broma!