Ejemplos ?
Don Carlos nos indicó con un gesto que le siguiésemos: Salimos, y caminamos a pie durante algún tiempo, hasta llegar al abrigo de los peñascales donde un soldado nos esperaba con los caballos del diestro.
Fronterizo a nuestro cantón, fronterizo al vuestro (a MELCHTHAL.), ligero batel puede en poco tiempo llevaros a vos (a STAUFFACHER) de Schwyz hasta allí. Allí podemos acudir por la noche, y por desiertos caminos, y deliberar al abrigo de toda sorpresa.
GESZLER.––Bien, Tell, te he prometido la vida bajo palabra de caballero, y lo cumpliré; mas conociendo tus malas intenciones, voy a llevarte donde no veas jamás al sol ni la luna. Así me hallaré al abrigo de tus flechas.
Las lápidas ostentan rótulos candorosos, y al abrigo de vidrios ovales, fotografías amarillentas, mechones de pelo lacio y ramos de siemprevivas.
Lo llevamos a pulso hasta su tumba, y levantamos en ella un modesto monumento con nuestros pobres recursos de estudiantes. Duerme el sueño eterno al abrigo de los árboles sombríos, no lejos del sitio donde reposan mis muertos queridos.
Y en verdad que en aquellos países sólo puede saborearse la libertad entre los altos muros y los fuertes cerrojos; sólo por estos medios puede el hombre ponerse al abrigo de los tiranuelos que dominan la Iglesia y el Estado.
Los primeros atribuían las demostraciones de Sarak a pura superchería; los segundos veían en el señor Conde un gran iniciado y los últimos, si bien aceptaban que algunos fenómenos del Sr. Sarak estaban al abrigo de todo fraude, en otros se había comportado como un prestidigitador de circo.
Muchas veces la falta de una causa determinante en las cosas nos hace creer que debe de haber las profundas para mantenerlas al abrigo de nuestra penetración.
La doctrina que apoyaba esta conducta tenía su origen en las máximas filantrópicas de algunos escritores que defienden la no residencia de facultad en nadie, para privar de la vida a un hombre, aun en el caso de haber delinquido éste en el delito de lesa patria. Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar, porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia.
El europeo y el americano que no miran en las demás colonias su establecimiento sino como una mansión pasajera y como un medio de volver ricos a la madre patria gozan, al abrigo de nuestras leyes, todo cuanto puede hacer apreciable al hombre el suelo que pisa.
Entran los ejércitos franceses al abrigo de la más negra perfidia, inundan aquellas fértiles provincias que prestaban las materias primeras y el verdadero comercio que fomentaban la circulación de aquel entrepuerto: resulta por consiguiente un gran vacío en el antiguo giro, de que no debe culparse sino a la pérfida conducta de la Francia y a los desgraciados sucesos de nuestra Metrópoli; ¿qué culpa tiene Buenos Aires de que Cádiz no pueda remitirle las producciones nacionales que estaba en posesión de importar, o de que no pueda distribuir en el Reino los frutos que antes se repartían por aquel conducto?
Sus padres al morir la dejaron sin casa ni canastilla y al abrigo de una tía entre bruja y celestina, como dijo Quevedo, y más gruñona que mastín piltrafero, la cual tomó a capricho casar a la sobrina con un su compadre, español que de a legua revelaba en cierto tufillo ser hijo de Cataluña, y que aindamáis tenía las manos callosas y la barba más crecida que deuda pública.