Ejemplos ?
Por el año de 1600 fue nombrado alcalde de Azángaro un vizcaíno, hombre áspero y templado como el hierro de sus montañas patrias, y que no aguantaba que chico ni grande desobedeciese en un ápice los mandatos de la autoridad.
Y el presidente de la Cámara, personaje más tieso que los palos de la horca, no agitó la campanilla, ni el ministro se dio por agraviado, y eso que era sujeto que no aguantaba pulgas.
Como había tenido durante mucho tiempo la costumbre del gorro de algodón para dormir, su pañuelo no le aguantaba en las orejas; por eso su pelo, por la mañana, estaba caído, revuelto sobre su cara y blanqueado por la pluma de la almohada, cuyas cintas se desataban durante la noche.
¿No sabía el niño la lección? Pues el negrito aguantaba la azotaina, y santas pascuas. En otras escuelas, el maestro acostumbraba los sábados dar a los alumnos, en premio de su buena conducta o aplicación, unas cedulillas impresas, conocidas con el nombre de parco-tibi, y que eran ni más ni menos que vales al portador para libertarlo de seis azotes.
¿Pero lo de zanibo, á quien se tenía por más blanco que el caballo del Apocalipsis? Ni á María Santísima le aguantaba su señoría la palabreja.
Cuando hube terminado, recogió el plato, respiró con delicia el delicioso manjar que contenía, tocó, besó, olfateó el mojón y luego, diciendo que no aguantaba más y que la lubricidad lo embriagaba— ante la contemplación de un pedazo de mierda más delicioso que ninguno de los que había visto nunca en su vida, me rogó que le chupara la verga.
Agustina dijo que esperaba que en aquella hora la hiciesen cagar, y que no aguantaba más; era también una de aquellas con las que la víspera se habían puesto a prueba las indigestiones.
En la compañía en que estaba ahora, había permanecido años y años por vínculos de amistad de sus padres difuntos con los directores de la empresa; y porque Marcela llenaba huecos, lo aguantaba todo, no tenía pretensiones, no hacía sombra a nadie y se contentaba con un sueldo inferior a su categoría de cartel.
El pobre, que debía de necesitar mucho el sueldo, aguantaba: se reían de él, y él se sonreía y procuraba estar fino con Margarita la rubia, que estaba en ascuas junto a un seductor que parecía, por lo menos, subdiácono.
Al fin, hallose con la horma de su zapato en una honradísima muchacha que lucía una carita de muy buen ver, recién casada con un bravo mozo andaluz, carpintero de oficio y que no aguantaba moros en la costa.
Así estuvimos como una hora, restregándonos, rodando por el pasto hasta que... Yo ya no aguantaba las ganas. Por fin, me la puse debajo y colocándoselo ella misma, hice lo que debía.
Donde dice bandera ponga usted estandarte.— Exceleniisimo seflor (se atrevió á argüir el mocito palangana), como estandarte no es consonante de bandera, va á resultar que no resulta verso. Don Juan Manuel de Rozas no aguantaba picada de cáncano y, dando feroz puñada sobre la mesa, gritó: — lCar...amba!