Ejemplos ?
¡Cómo podía prever las consecuencias que esa visita tendría para mí! Nada podía consolar a Dolores; estaba pálida y en todos sus movimientos se veía la profunda pena que la agobiaba.
Un enorme cansancio lo agobiaba, la figura de su esposa distante terminó por borrarse de la superficie de su pena, y mientras permanecía así, un encalmamiento crepuscular vino a resignarlo para todos los desastres que se habían preparado.
Hombre sin ambiciones, sin codicias, alma de niño, cándida y unilateral, no aspiró a nada que mejorase su apurada existencia de menesteroso de levita, ni se preocupó jamás de la estrechez que le agobiaba.
El peso de los dolores humanos que echara sobre sí, agobiaba su alma; y en las medrosas visiones de la hora postrera, el espectro del inmenso porvenir le apareció siniestro, espantable.
Empleé a Traddles en aquella gran empresa, sin prevenirle, y siempre que nos venía a ver ensayaba sobre él mis máquinas de guerra para la edificación de Dora por vía indirecta. Agobiaba a Traddles con una multitud de excelentes máximas; pero toda mi sabiduría no obtenía más resultado que entristecer a Dora; siempre tenía miedo de que le tocara la vez.
El se excusaba, no era escuchado y ella, mientras lo agobiaba con un nuevo diluvio de los más duros e hirientes insultos, se le abalanzaba y le propinaba fuertes puntapiés en el culo, con los cuales le era tanto más difícil no dar en el blanco por cuanto que el paciente, lejos de rehuirla, no dejaba nunca de darse la vuelta y presentarle el trasero, aunque fingía querer evitar los golpes y querer huir.
Le decía que era un hombre de clase inferior, pero de carácter dulce y elevado, y que me atrevía a esperar que no se negara a verle en la desgracia que le agobiaba.
Pero no dejaba por ello de aporrear esta sangrienta herida. En cuanto a la carga con que me agobiaba, es aseguro que era más digna de un elefante que de un asno.
No de aquel respeto propio de vasallo que se acerca a postrarse reverente de su rey en la presencia; no aquel que agobiaba a todos los hombres de aquella era, al hallarse de improviso con el rey don Pedro cerca, sino de más alto origen, cual si en la cámara hubiera una cosa inexplicable sobrenatural, tremenda.
Insistía en que, si era honda la crisis política que nos agobiaba, era todavía mucho más grave la económica que aplasta a centenares de hombres por falta de trabajo, a los cuales debía dárseles sin demora, poniendo término a la cesantía.
Libertado del peso que le agobiaba desde hacía tanto tiempo, y de los horribles temores bajo los que ha vivido, ahora no es el mismo de antes.
Callé, pues, y aterrada encerreme en mi camarote. La fatiga del espíritu habíame adormecido y me agobiaba una horrible pesadilla.