afueras


También se encuentra en: Sinónimos.

afueras

(aˈfweɾas)
sustantivo femenino plural
suburbios, alrededores de una ciudad Las personas con dinero viven en las afueras y van a la ciudad a trabajar.
Traducciones

afueras

periferia

afueras

předměstí

afueras

udkant

afueras

Stadtrand

afueras

laitaosat

afueras

environs

afueras

predgrađe

afueras

郊外

afueras

변두리

afueras

utkant

afueras

krańce

afueras

ytterområden

afueras

ชานเมือง

afueras

vùng ngoại ô

afueras

市郊
Ejemplos ?
Aquella mano de poder y de voluntad me clavaba las palabras en la garganta, y sentía bajo su opresión fundirse y deshacerse en mí toda veleidad de rebelión; rodábamos ahora fuera de las fortificaciones y por grandes carreteras bordeadas de hayas y de lúgubres tenderetes de vendedores de vino, merenderos de las afueras cerrados hacía tiempo; desfilábamos bajo la luna, que por fin acababa de perfilar una masa flotante de nubes, y parecía derramar sobre aquel equívoco paisaje de las afueras una capa granizante de sal; en ese instante me pareció que los cascos de los caballos sonaban en el terraplén de la carretera, y que las ruedas del coche, dejando de ser fantasmas, chirriaban en la grava y en los guijarros del camino.
Y una hora después, en tanto que el señor Cristóbal les veía partir con el júbilo retratado en el rugoso semblante desde un corte de terreno, en las afueras del pueblo...
Al fondo, sobre una elevación de tres escalones, la barra de cinc, atestada de licores y de botellas con etiquetas coloreadas de legendarias marcas de vinos; allí dentro silbaba el gas alto y claro: la sala, en suma, si no más espaciosa y más limpia, de un tabernero de las afueras con una buena clientela, cuyo negocio iba bien.
Todos habían visto que aquel maldito, en vez de abalanzarse sobre el Menut, intentaba llegar hasta el rincón donde colgaban sus ropas, buscando, sin duda, la famosa faca, tan conocida en las tabernas de las afueras.
De noche, cuando había luna y la temperatura era dulce, gustábamos de extender nuestros paseos hasta las afueras de la ciudad, donde nos sentíamos más libres, más puros y más amantes.
Merendaban casi todas las tardes como los pastores de don Quijote, a campo raso, y chupándose los dedos, en cualquier soledad de las afueras.
En una palabra: cumplimos todos nuestros preparativos al pie de la letra, y a las dos de la madrugada, diez minutos después de la ceremonia, me encontré en un coche cerrado con madame Lalande, valga decir, con la señora Simpson, dirigiéndonos velozmente hacia las afueras de la ciudad.
-¡Que le traigan un cura! -gritó un librepensador de las afueras. Y Curro, inmóvil, estúpido, con los ojos muy abiertos y los puños cerrados, miraba a Madroño.
Mientras andan y trasiegan por las calles, callejones y afueras del poblacho, la gente dicta el fallo: muy ricos, muy en grande; pero eran unos ñapangos, unos montaraces.
Cuando se nos pasaron aquellos días, salimos y nos pusimos en camino. Todos nos acompañaron con sus mujeres e hijos, hasta las afueras de la ciudad.
Y cumplió el programa con todos sus puntos y comas: entre textos y encajes, entre redes y cuadernos, rezando a ratos, meditando con frecuencia, pasó los asuetos; y sólo salía a la calle a las diligencias y compras que a las señoras se les ocurrían, y tal cual vez a paseos vespertinos a las afueras más solitarias de la ciudad, y eso porque las señoras a ello le obligaban.
No pasó mucho tiempo hasta que su clínica se quedó pequeña, lo que le indujo a trasladarse en febrero del año 14 de Taisho (1925) a Nakano, en las afueras de Tokio.