africano

africano, a

1. adj. De África.
2. s. Persona natural de este continente.

africano, -na

 
adj.-s. De África.
adj. Relativo a esta parte del mundo.

africano, -na

(afɾiˈkano, -na)
abreviación
relativo a África o a sus habitantes inmigrantes africanos

africano, -na


sustantivo masculino-femenino
persona que es de África Conocimos a dos africanos en un congreso.
Traducciones

africano

African

africano

африканец, африкански

africano

africain

africano

africano

africano

africano

africano

Afričan, africký

africano

afrikaner, afrikansk

africano

afrikkalainen

africano

afrički, Afrikanac

africano

アフリカの, アフリカ人

africano

아프리카 사람, 아프리카의

africano

afrikan, afrikansk

africano

เกี่ยวกับแอฟริกา, ชาวแอฟริกา

africano

Afrikalı

africano

người Châu Phi, thuộc Châu Phi

africano

非洲

africano

אפריקה

africano

/a ADJ & SM/FAfrican
Ejemplos ?
Mas dejo a Carlos y Agramante un tanto, que he de cantar del africano Marte, aquel terrible Rodomonte horrendo, que va por medio de París corriendo.
A tres leguas de aquel crudo horizonte, había tirado el puente e ido a oeste, a fin de que, asaltando al africano, el río aquel ardid no hiciese vano.
Ninguno de estos varones que resplandecieron para ornato de los siglos, dejó de ser afligido con muertes de sus deudos, o su muerte causó aflicción de ánimo a los suyos. ¿Para qué te he de referir a Escipión Africano, a quien llegó la nueva muerte de su hermano estando en destierro?
Invadieron los africanos la España, año 712, y esta ciudad fue la última que situada en tierra plana se sujetó al africano dominio después de dos años de sitio en el año 718, y en aquella calamitosa era capitularon los barceloneses la observancia de religión, templos, prelados y la manutención de leyes e inmunidades Retirándose nuestros antecesores al abrigo de los fríos Pirineos, y entre sus grandes trabajos y miserias conservaron portantes las leyes y religión.
Acuérdese que el africano dominio la impuso 27 tributos, y que nuestros mayores, con la sangre que gloriosamente derramaron, sacudieron el yugo de la sarracena sujeción, la redimieron de dura esclavitud.
Empecé hablando sobre acciones del terrorismo internacional y termino también hablando sobre estas mismas acciones, no ya cometidas en un lejano país africano y contra un miembro del Cuerpo Diplomático estadounidense; estoy hablando de algo sucedido en mi país, en mi tierra y contra ciudadanos argentinos en clara violación también a la soberanía territorial.
El que reúna estas cualidades debe ser admitido a la lista nacional, sea su procedencia cual fuere, sin que haya la más pequeña diferencia entre el europeo y el asiático, el africano y el originario de América .” En otro artículo del 28 de febrero del mismo año, Monteagudo completa el cuadro del primero estableciendo que es preciso que también se reconozcan derechos de ciudadanía y se llame al ejercicio del voto a los labradores y gente del campo, individuos que hasta ahora y aún mucho después estaban desinteresados del sufragio.
Hasta 1959, cuando tú y yo pensábamos en un africano, pensábamos en una persona desnuda que venía con tantanes, con huesos atravesados por la nariz.
No hemos tenido, ni tenemos nexo alguno con el FMLN salvadoreño ni con la URGN de Guatemala ni con ningún otro movimiento armado latinoamericano, norteamericano, europeo, africano, asiático u oceánico.
Como muchos de ustedes saben, deje el movimiento de los Musulmanes Negros y, durante el verano pasado, estuve cinco meses en el Medio Oriente y en el continente africano.
Tienes que comprender. Hasta 1959, la imagen del continente africano la crearon los enemigos de África. África era una tierra dominada por potencias extranjeras.
Media docena de esos hombres de buen gusto, que a todo van a un baile más que a bailar, se hicieron las siguientes reflexiones: «Que la pasión de la danza tiene hondas raíces en la buena sociedad de este pueblo, es innegable: nosotros la hemos visto bailar sobre el húmedo retoño de las praderas, entre las coles y cebollinos de las huertas, sobre los guijarros de la Alameda y sobre los adoquines del Muelle; derretirse los sesos bajo un sol africano a las cuatro de la tarde, por llegar a las cinco a la romería y bailar en ella hasta las siete; volver después, al crepúsculo, medio a tientas, por callejas y senderos, y aliquando meterse en barro hasta las corvas...