aflicción

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aflicción

s. f. Sentimiento de tristeza o disgusto. congoja

aflicción

 
f. Tristeza o pérdida del ánimo.

aflicción

(aflikˈθjon)
sustantivo femenino
1. sentimiento de tristeza o angustia aflicción por la muerte de un ser querido
2. molestia o sufrimiento físico aflicción por una enfermedad
Traducciones

aflicción

Gram

aflicción

痛苦

aflicción

痛苦

aflicción

trængsel

aflicción

SFaffliction, sorrow

aflicción

f distress; affliction
Ejemplos ?
Dirán: porque teme ser manchado con ajena torpeza; pero siendo, como es, la honestidad una virtud del alma, y teniendo, como tiene, por compañera la fortaleza, con la cual puede resolver el padecer ante cualesquiera aflicciones que consentir en un solo pecado, y no estando, como no está, en la mano y facultad del hombre más magnánimo y honesto lo que puede suceder de su cuerpo, sino sólo el consentir con la voluntad o disentir, ¿quién habrá que tenga entendimiento sano que juzgue que pierde su honestidad, si acaso en su cautivo y violentado cuerpo se saciase la sensualidad ajena?
De la impiedad de los que dicen que las almas que gozan de la suma y verdadera bienaventuranza han de tornar a volver una y otra vez por los circuitos de los tiempos a las mismas miserias y aflicciones pasadas CAPITULO XXII.
Tecleaban al flujo del clima arrebol. Risas clorofílicas en clases flamantes anclaban tranquilas aflicciones de antes. Un día salió a flote el triste clamor: -¡Qué acabe el azote de Blasfe, el Terror!
Decir que los peligros en que nos hallamos no sean grandes, fuera necedad; dudar que los ahogos que nos oprimen son como sofocativos, fuera locura; no creer que nuestras presentes aflicciones son de la mayor monta, fuera negar la verdad; pero dar por imposible el remedio, es estar oprimido de un pánico temor y haberse desapropiado del; dar el caso presente por no sucedido, es negar a nuestra sus gloriosas hazañas; elegir el medio de sujetarse a la dura esclavitud que quieren imponernos nuestros Enemigos, es hacer afrenta a, degenerando de nuestros Predecesores.
Tampoco puedes decir que los dioses te hayan elegido para privarte de los goces maternales. Recorre con la vista la multitud de los conocidos y desconocidos: en todas partes encontrarás aflicciones más terribles.
De la impiedad de los que dicen que las almas que gozan de la suma y verdadera bienaventuranza han de tornar a volver una y otra vez por los circuitos de los tiempos a las mismas miserias y aflicciones pasadas ¿Y qué católico temeroso de Dios ha de poder oír que después de haber pasado una vida con tantas calamidades y miserias (si es que merece nombre de vida ésta...
Así, pues, ya que la vida de los mortales haya de padecer aflicciones y de los, unas veces más blanda, otras más ásperamente, por las muertes de los queridos y amigos, y particularmente aquellos cuyos oficios son necesarios la política y sociedad humana, con todo, querríamos más oír o ver muertos a los que amamos, que verlos caídos apartados de la fe o buenas costumbres: esto es, que verlos muertos en alma.
Como refiero arriba, no hubo jamás en treinta días uno seguro, porque, si alguno amaneció claro y sereno, luego se obscurecía, de manera que parecía noche tenebrosa, y los aires que se levantaban y con ello la ceniza ahogaba la gente y la hacía estar encerrada, y por todas partes se vio esta desdichada y afligida ciudad rodeada de trabajos y aflicciones y, según refieren personas fidedignas que en estas tribulaciones se hallaron, no fue la mitad de lo que está dicho la calamidad y desventura que pasaron los pobres ciudadanos de Arequipa, lo cual puedo afirmar yo como testigo de vista, que a todo me hallé presente en la dicha ciudad.
CORO ¡Oh desdichada! ¡Cuán abrumadoramente pesa un demonio sobre ti y te carga de aflicciones entre todos los mortales! Pero veo a Agamenón, nuestro amo actual.
Así que por lo perteneciente al gusto y deleite del bien presente, más bienaventurado era el primer hombre en el Paraíso que cualquier justo existente en esta humana carne mortal; pero respecto a la esperanza del bien futuro, cualquiera que sabe con evidencia, no con opinión, sino con verdad cierta e inefable, que ha de gozar sin fin, libre de toda molestia, de la amable compañía de los ángeles en la participación del sumo Dios, es más bienaventurado con cualesquiera aflicciones y tormentos del cuerpo que lo era aquel hombre estando incierto de su caída en aquella grande felicidad del Paraíso.
Por último, sucedió lo que presumió Abraham del Señor, pues Faraón, rey de Egipto, que la había tomado por su esposa, siendo por ello gravemente afligido, la restituyó a su marido; en cuya acción por ningún pretexto debemos creer que la quitó su honor, siendo verosímil que esto no lo permitió Dios a Faraón, por las grandes aflicciones y males con que afligió su espíritu y su cuerpo.
A los cuales, cuantos más fueren los que tuviéremos desparramados por los pueblos, tanto más tememos les suceda algún mal de los muchos que se padecen en este siglo; porque no sólo nos da cuidado que les aflija el hambre, las guerras, las enfermedades, el cautiverio, y que en él padezcan aflicciones superiores a cuanto se pueda imaginar, sino lo que hace más amargo el temor, que se conviertan en pérfidos y malos.