Ejemplos ?
esión de 8 de enero de 1811 Sobre que esta capital deba elegir doce diputados que la representen en las próximas Cortes del reino En la muy noble y leal ciudad de Santiago de Chile, en ocho días del mes de enero de mil ochocientos once años, los señores del Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad, juntos y congregados en su sala de acuerdos, como lo han de use y costumbre, a saber, los que abajo firmaron, dijeron: que habiéndosele pasado la orden circular para la elección de Diputados para el próximo congreso, advirtieron que el número designado al Cabildo y población de esta capital no correspondía al que se daba a las otras provincias y partidos del reino...
Esos señores no advirtieron o no quisieron advertir que Bonaparte se valió del 29 de enero de 1849 para hacer que desfilase ante él, por las Tullerías, una parte de las tropas y se agarró ávidamente a esta primera demostración pública del poder militar contra el poder parlamentario, para hacer alusión a Calígula.
En la ciudad de Santiago de Chile, a veinte y seis de febrero de mil ochocientos catorce, los señores que componen este Ilustre Ayuntamiento, habiéndose convocado y reunido extraordinariamente en este día en su sala capitular para tratar de los asuntos y medios que afirmasen la seguridad pública y la suerte de nuestra causa en circunstancias que se renuevan los peligros tan manifiestos que amenazan el pueblo; advirtieron la morosidad...
Esta villa, habiendo sido cogida otra vez por semejantes gentes y saqueada hasta lo más escondido, tenía aún fresca la memoria, y los habitantes se salvaron como pudieron hacia Gibraltar, con sus barcas o canoas, llevándose consigo todos los muebles y dinero que pudieron; llegando a Gibraltar, advirtieron que la fortaleza estaba cogida, y que nadie había podido conservar nada, ni salvarse de la furia de los piratas.
Y, a partir de aquel día, no les fue ya posible a los niños huir de Jesús. Y sus padres les advirtieron de ello, diciéndoles: Cuidad de hacer todo lo que os diga el hijo de María.
Y aunque varios religiosos de San Esteban (colegio donde fue la conferencia) que eran sabios verdaderos, si comprender no lograron al inspirado extranjero, le escucharon con asombro y su importancia advirtieron, los más, cual siempre acontece, arrollaron a los menos, y sobre un hombre tan grande, y sobre un tan gran proyecto informaron a la corte con el más alto desprecio, de visionario y de loco prodigándole dicterios.
Pero he aquí que estalló una espantosa tormenta; todas las flores del campo recogieron sus hojas y bajaron la cabeza mientras la tempestad pasaba sobre ellas; sólo el alforfón seguía tan engreído y altivo. -¡Baja la cabeza como nosotras! -le advirtieron las flores. - ¡Para qué!
Ésta fue la primera disposición a la conjura contra su vida, y ocasionó la primera plática sospechosa de las mercedes del tirano. Texto En este tiempo advirtieron a César que Marco Antonio y Dolabela maquinaban novedades y tumultos.
Y entonces tomaron rehenes, los llevaron a sus aldeas, y les advirtieron a los pilotos que si tiraban bombas sobre la aldea, iban a darle a su propia gente.
Y tan claro fue este propósito que en todos los bancos en donde los trabajadores quisieran organizar democráticamente sus sindicatos los promotores y los propios trabajadores fueron hostilizados e incluso amenazados; se les impidió sesionar en los centro de trabajo y fue el propio Congreso del Trabajo el que proporcionó local para que realizaran sus asambleas, sólo que los enviados de los departamentos de personal les advirtieron que los únicos sindicatos que obtendrían el registro serían los previamente escogidos, que así estaba decidido y por eso a ellos se les habría dotado de todo lo necesario, y que si persistían en oponerse y en dividir a los trabajadores bancarios se atuvieran a las consecuencias porque el gobierno, de ninguna manera, iba a permitirlo.
Se alejaron de aquella casa y continuaron más contentos su camino. Cuando llegaron a su pobre morada, las dos lavanderas no advirtieron que Josefina había llorado ni que Víctor estaba pensativo.
Así se pasaron los días, los meses y aún los años, y llegó una noche en la que Margarita y Miguel se declararon que se amaban y advirtieron con placer que el padre de la joven, lejos de oponerse a aquellos amores, los patrocinaba.