adormilar

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adormilar

(aðoɾmi'laɾ)
verbo transitivo
producir una cosa sueño Lo adormiló la función de teatro.
Ejemplos ?
Y no por mucho tiempo se hallan en pie aún: se acuestan ya. Bienaventurados son estos somnolientos: pues pronto quedarán adormilados.
"Alarmistas, los que se apiadan -también llamados pietiers, por los que tenían compasión de emigrados y clérigos perseguidos-, envilecedores, adormilados...
Gran exhibición de peinados y lencería. Abajo, los corresponsales se mueven por allí adormilados», escribió Dos Passos tras una mañana de bombardeos.
Yesenin como aquel que dice: «Abedul blanco bajo mi ventana al que la nieve cubrió como si fuera plata» o «Se sonrieron los adormilados abedules, al despeinarse sus trenzas de seda»; poemas que siempre tienden a ensalzar la blancura de su tronco, concepto que viene de la propia etimología indoeuropea de la palabra que significa tanto brillante como blanco, por lo cual también es un símbolo de las doncellas.
Luis María Mora describe a Julio Flórez en los siguientes términos: «Tenía la frente ancha y espaciosa, recta la nariz, sedosos los cabellos de ébano, la boca sensual y unos ojos que soñaban despiertos, grandes y adormilados y como interrogando extrañas lejanías».
Un médico del siglo XVI escribió que muchos trabajadores se sentían exhaustos y adormilados en las primeras horas de la noche; que las relaciones sexuales con sus parejas solían darse durante el periodo de vigilia, después de un primer sueño reparador.
Estando todos adormilados era cuando repentinamente uno de ellos soltaba un largo aullido, inmediatamente los demás comenzaban a aullar también, organizando un alarido que duraba varios minutos.
Su ancha y rubicunda faz está húmeda, sudorosa; y sus grises ojillos, de ordinario tan vivaces y chispeantes en la penumbra de sus pobladas cejas hirsutas, miran ahora con vaguedad, adormilados, soñolientos.
Una bata blanca llena de encajes ceñíase dúctil y tentadora a su cuerpo, donde cada curva era un espolazo en los sentidos para todo el que en ella posaba sus ojos; de nácar parecía su semblante oval y de graciosa expresión, y de azabache parecían sus ojos grandes y adormilados, sus cejas pobladísimas y la reluciente crencha que rizábasele sobre la tersa frente.
Había cerdos adormilados que hundían en la tierra sus hocicos; terneros que mugían; ovejas que balaban; las vacas, con una pata doblada, descansaban su panza sobre la hierba, y rumiando lentamente abrían y cerraban sus pesados párpados a causa de las moscas que zumbaban a su alrededor.