Ejemplos ?
¡Oh, mi José!», decía con voz, con acento cuyas inflexiones habían perdido sus argentinas modulaciones, y al grito supremo del ser adorado contestaba la angustiada madre con engaño piadoso: -¡Ya viée, prenda mía!
Patria distante, con la que siempre enternecido sueño, como guarda el amante la imagen fiel de su adorado dueño, yo de tu imagen propia guardo en el pecho la imborrable copia, y a ti, como el exceso él de su afán enamorado calma sellándola con prolongado beso, yo doy también los besos de mi alma.
de Prat Valparaíso Mi adorado bien: Ayer recibi tu querida cartita en que me das noticias de ti, de mi hijita i de Arturito, que a Dios gracias no han tenido nuevas contrariedades.
¡Inmólenos pues a ambos a la vez para que así vea del amor la prez!» Llega al portón a la hora del ocaso, y allí divisa ya erguida la cruz presidiendo la absorta multitud con su adorado amigo atado al raso.
Se sentía un dios adorado por todos y capaz de ordenar a sus súbditos la satisfacción de los más tontos caprichos: -Quiero una vara de membrillo que sirva como cetro para mi poder.- Fanfarroneó ante el águila que de inmediato voló hacia el cerro y se la trajo.
En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraban sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí de un valor inestimable por ser, o consagradas por su afecto, como los retratos, o consagradas por su martirio como la espada que lleva su adorado nombre.
De ahí adelante lo fue explotando, a más y mejor, la desgraciada mujerzuela. Henchida de esperanzas se encamina, un tanto envarada por el rifle, al taller de su adorado tormento.
A decir verdad, la dama parecía muy enamorada de él -especialmente en su ausencia-, y se ponía en ridículo al citar repetidamente lo que había dicho «su adorado esposo, el señor Wyatt».
Descansaría un poco, por fin... —¡Piapiá! —Mi hijo querido.. —¡Buen día, piapiacito adorado! ¿No te levantaste todavía? Es tarde, piapiá.
Mis versos, hojas secas del árbol de mi ingenio, mis dramas, del proscenio ya prófugos quizá, y al fin arrebatados del viento del olvido, sin sombra ya y sin ruido, serían polvo ya. Yo nunca me he adorado ni me he ensoberbecido; ¡mas ¡ay!
Mi amigo Carlos, hijo del marqués de..., era heredero de bienes cuantiosos, que eran en él, al revés que en el mundo, la menos apreciable de sus circunstancias. Adorado de sus padres, que habían empleado en su educación cuanto esmero es imaginable, Carlos se presentó en el mundo con talento, con instrucción, con todas esas superfluidades de primera necesidad, con una herencia capaz de asegurar la fortuna de varias familias, con una figura a propósito para hacer la de muchas mujeres, y con un carácter destinado a constituir la de todo el que de él dependiese.
de Prat Valparaíso Mi adorado bien...