Ejemplos ?
En esta obra une a la lengua española la majestad de la latina, con la hermosura de la griega, para envidia y admiración de las demás.
-¡están envenenados!... Un grito simultáneo de terror y admiración salió del pecho de los españoles. Dieron éstos un paso más hacia los convidados, y hallaron que la mayor parte estaban ya muertos, con la cabeza caída hacia adelante, los brazos extendidos sobre la mesa, y la mano crispada en la empuñadura de los sables.
Era un verdadero palacio infantil, y bajo cada ventana se leía el destino de la sala correspondiente: «Aquí duerme Emilia, aquí Emilia baila y juega a "visitas"». Daba gusto mirarlo, y causó la admiración de todos.
Pero ella lo hizo todo con tanta calma, con tanta naturalidad, con tan evidente gesto de perfecta educación, que no se la podía acusar de ningún descaro, y mis únicos sentimientos fueron de admiración.
Por esto los dioses le tributaron más honores que a hombre alguno en su admiración ante aquel testimonio de abnegación por aquel de quien era amado.
He conocido uno, de unos ocho años de edad, cuyos éxitos adivinando en el juego de «pares y nones» atraían la admiración de todo el mundo.
Después que hubo hablado de esta suerte, le dije, poseído de admiración: -Muy bien, sapientísima Diotime; pero ¿es realmente como dices?
El dialecto mexicano de la lengua española, o los multidialectos hablados de ella en nuestro país, presentan una riqueza de transformaciones fónicas, léxicas, sintácticas y semánticas que producen sorpresa y admiración.
Y encontrándose con otro de los suyos en el campo, le decía arqueando las cejas y manifestando en el semblante toda la admiración de su ánimo: Jesús hermano, que cosas tan grandes he oído al hombre docto en la ciudad sobre lo que puede el común; diz que puede más que el rey y a veces más que el Papa.
Todo aquello lo decía mientras las sombras del atardecer caían más y más a nuestro alrededor, y luego, con un suave apretón de su mano, derribaba en un dulce instante el edificio de argumentos que ella misma había levantado. Le respondí insistiendo en la adoración profunda y la admiración que me inspiraba.
El general se presentó de Rubens, en traje español con alzacuello y daga, muy apuesto; la generala iba de esposa del pintor, en vestido de terciopelo negro cerrado hasta el cuello, horriblemente caluroso, con una rueda de molino alrededor del cuello - quiero decir un gran alzacuello, naturalmente -, reproducción exacta de un retrato flamenco que poseía el general y que solía provocar la admiración por las manos, muy parecidas a las de la generala.
Mi espíritu se volcaba de admiración al oír los cantos de las aves; al mirar los prados; al contemplar las transparencias de las aguas, al deleitarme con las azules desnudeces del cielo.