adir

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adir

(Del lat. adire < ad, a + ire, ir.)
v. tr. y defectivo. DERECHO Aceptar una herencia tácita o expresamente.

adir

 
tr. der. Aceptar [la herencia o sucesión].

adir


Participio Pasado: adido
Gerundio: adiendo

Presente Indicativo
yo ado
tú ades
Ud./él/ella ade
nosotros, -as adimos
vosotros, -as adís
Uds./ellos/ellas aden
Imperfecto
yo adía
tú adías
Ud./él/ella adía
nosotros, -as adíamos
vosotros, -as adíais
Uds./ellos/ellas adían
Futuro
yo adiré
tú adirás
Ud./él/ella adirá
nosotros, -as adiremos
vosotros, -as adiréis
Uds./ellos/ellas adirán
Pretérito
yo adí
tú adiste
Ud./él/ella adió
nosotros, -as adimos
vosotros, -as adisteis
Uds./ellos/ellas adieron
Condicional
yo adiría
tú adirías
Ud./él/ella adiría
nosotros, -as adiríamos
vosotros, -as adiríais
Uds./ellos/ellas adirían
Imperfecto de Subjuntivo
yo adiera
tú adieras
Ud./él/ella adiera
nosotros, -as adiéramos
vosotros, -as adierais
Uds./ellos/ellas adieran
yo adiese
tú adieses
Ud./él/ella adiese
nosotros, -as adiésemos
vosotros, -as adieseis
Uds./ellos/ellas adiesen
Presente de Subjuntivo
yo ada
tú adas
Ud./él/ella ada
nosotros, -as adamos
vosotros, -as adáis
Uds./ellos/ellas adan
Futuro de Subjuntivo
yo adiere
tú adieres
Ud./él/ella adiere
nosotros, -as adiéremos
vosotros, -as adiereis
Uds./ellos/ellas adieren
Imperativo
ade (tú)
ada (Ud./él/ella)
aded (vosotros, -as)
adan (Uds./ellos/ellas)
Pretérito Pluscuamperfecto
yo había adido
tú habías adido
Ud./él/ella había adido
nosotros, -as habíamos adido
vosotros, -as habíais adido
Uds./ellos/ellas habían adido
Futuro Perfecto
yo habré adido
tú habrás adido
Ud./él/ella habrá adido
nosotros, -as habremos adido
vosotros, -as habréis adido
Uds./ellos/ellas habrán adido
Pretérito Perfecto
yo he adido
tú has adido
Ud./él/ella ha adido
nosotros, -as hemos adido
vosotros, -as habéis adido
Uds./ellos/ellas han adido
Condicional Anterior
yo habría adido
tú habrías adido
Ud./él/ella habría adido
nosotros, -as habríamos adido
vosotros, -as habríais adido
Uds./ellos/ellas habrían adido
Pretérito Anterior
yo hube adido
tú hubiste adido
Ud./él/ella hubo adido
nosotros, -as hubimos adido
vosotros, -as hubísteis adido
Uds./ellos/ellas hubieron adido
Pretérito Perfecto de Subjuntivo
yo haya adido
tú hayas adido
Ud./él/ella haya adido
nosotros, -as hayamos adido
vosotros, -as hayáis adido
Uds./ellos/ellas hayan adido
Pretérito Pluscuamperfecto de Subjuntivo
yo hubiera adido
tú hubieras adido
Ud./él/ella hubiera adido
nosotros, -as hubiéramos adido
vosotros, -as hubierais adido
Uds./ellos/ellas hubieran adido
Presente Continuo
yo estoy adiendo
tú estás adiendo
Ud./él/ella está adiendo
nosotros, -as estamos adiendo
vosotros, -as estáis adiendo
Uds./ellos/ellas están adiendo
Pretérito Continuo
yo estuve adiendo
tú estuviste adiendo
Ud./él/ella estuvo adiendo
nosotros, -as estuvimos adiendo
vosotros, -as estuvisteis adiendo
Uds./ellos/ellas estuvieron adiendo
Imperfecto Continuo
yo estaba adiendo
tú estabas adiendo
Ud./él/ella estaba adiendo
nosotros, -as estábamos adiendo
vosotros, -as estabais adiendo
Uds./ellos/ellas estaban adiendo
Futuro Continuo
yo estaré adiendo
tú estarás adiendo
Ud./él/ella estará adiendo
nosotros, -as estaremos adiendo
vosotros, -as estaréis adiendo
Uds./ellos/ellas estarán adiendo
Condicional Continuo
yo estaría adiendo
tú estarías adiendo
Ud./él/ella estaría adiendo
nosotros, -as estaríamos adiendo
vosotros, -as estaríais adiendo
Uds./ellos/ellas estarían adiendo
Ejemplos ?
La enfermedad de Al-Adid, el último califa fatimí, impidió a éste seguir controlando las mezquitas egipcias, en las que se empezó a orar por el califa abbasí.
Abdullah al-Mahdi Billah (909-934; fundador de la dinastía fatimí) Muhammad al-Qa'im Bi-Amrillah (934-946) Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah (946-952) Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah (952-975; Egipto es conquistado durante su reinado) Abu Mansur Nizar al-Aziz Billah (975-996) Huséin al-Hakim Bi-Amrillah (996-1021) Ali az-Zahir (1021-1035) Ma'ad al-Mustansir Billah (1035-1094) al-Musta'li (1094-1101) al-Amir Bi-Ahkamillah(1101-1130) al-Hafiz (1130-1149) az-Zafir (1149-1154) al-Faiz (1154-1160) al-Adid (1160-1171) Aglabí Asedio de Ascalón (1099) y (1153) Sitio de Jerusalén (1099) Batalla de Ramla Kutama Mahdia Califato fatimí
A mediados de los años 1100, el adolescente Al-Adid era el califa de Egipto, pero su estancia en el trono era esencialmente ceremonial, pues quien de verdad ostentaba el poder en Egipto era el visir Shawar.
Amalric y sus tropas acamparon justo al sur de la ciudad, y luego enviaron un mensaje al joven califa egipcio Al-Adid, que entonces tenía 18 años, que rezaba que o rendía la ciudad o ésta sufriría el mismo destino que Bilbeis.
La noticia de su llegada forzó una tregua con Amalarico en enero de 1169, donde de nuevo los egipcios pagaban por su retirada a Jerusalén. Con el beneplácito de al-Adid, Shirkuh y Saladino entraron en El Cairo sin oposiciones.
Nur al-Din había escogido un sustituto, pero al-Adid y los emires locales lograron imponer a Saladino como visir Las razones para que un califa chií como al-Adid apoyara a un sunní son inciertas.
Saladino se vio entonces en la tesitura de arriesgarse a más revueltas, por lo que esperó a la muerte de al-Adid, que parecía inminente (de hecho, se sospecha que pudo ser envenenado) para terminar oficialmente con el califato.
Tras la muerte de Al-Adid era en teoría un vasallo de Nur al-Din pero en la práctica era el gobernador de facto de Egipto: reconocía la autoridad del sultán de Siria, pero gozaba de total independencia en su gobierno de Egipto, debido a la lejanía entre Damasco y El Cairo, separadas por estados gobernados por los cruzados europeos.
Amalarico la sitió de todas formas. Con el enemigo a las puertas, al-Adid pidió ayuda al sultán de Siria, que de nuevo envió a Shirkuh.
En 1163, el visir del califa fatimí al-Adid de Egipto, Shawar, había sido expulsado del país por su rival Dirgham, de la poderosa tribu Banu Ruzzaik.
Tras la muerte de Al-Adid, Egipto era en teoría vasallo de Nur al-Din pero en la práctica Saladino era el gobernador de facto: reconocía la autoridad del sultán de Siria, pero gozaba de total independencia en su gobierno de Egipto, debido a la lejanía entre Damasco y El Cairo, separadas por estados gobernados por los cruzados europeos.
Habiendo ganado más poder que nunca en su carrera, se enfrentó al dilema de la división de lealtades entre sus dos señores, al-Adid y Nur al-Din.