acullá

acullá

 
adv. l. En parte alejada del que habla.
Traducciones

acullá

acullá

ADVover there, yonder (liter)
Ejemplos ?
En los flotantes pliegues ingrávidos del viento y en su perdidas ráfagas sin fuerza y dirección, de incógnitos pasantes en el coloquio lento, y de otros en las frases de insulto violento, de anuncios y programas e impresos en un ciento, de allá cogiendo una hoja y de acullá un jirón, oía y recogía, ¡caótica amalgama de incomprensibles hechos, de absurdos en montón!
Quiero detenerme en algo que afirmó Dilma, que es objetivo y concreto: juntos Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay, Paraguay constituimos la quinta economía mundial, que además realmente si uno lo mira estamos todos unidos por fronteras, no es que estamos unos por allá, otros por acullá.
Hombre soy yo, por vida de mi padre, tan sencillo, tan manso y de tan buena condición, y tan obediente, que no haré más de aquello que se me mandare; y si cualquiera de vuesas mercedes dijere: Maestro, siéntese aquí; maestro, pásese allí; echaos acá, pasaos acullá, así lo haré, como el más doméstico y enseñado perro que salta por el Rey de Francia.
Verdad que nosotras nos parecemos en eso: de nuestra casita a la iglesia y de la iglesia a nuestra casita, sin cuidarnos de lo que se dice o deja de decir... Sólo que yo, así..., al vuelo..., una palabra de acá, otra de acullá...
Como, aunque de invierno, la mañana parecía de primavera y el sol caía como áurea y resplandeciente caricia y ostentaba el cielo su más intenso azul y apenas si una brisa suave hacía ondular las flores, que en miserables tiestos y malparadas macetas lucían acá y acullá sus vivísimos colores en balconcillos a los que se llega con las manos...
Además de los representantes del sexo viril, no el mas débil dejaba de tener allí representación valiosísima, y sentadas, acá y acullá también, sobre el mal empedrado suelo, lucían sus haraposas vestiduras de colores, si vivos un tiempo, ya un tantico apagados por antiguas suciedades; los semblantes renegridos, algunos de gracioso perfil y ojos magníficos; los pies descalzos y el principio de la pantorrilla curtidos por la intemperie y el pelo sucio y aceitoso, cayéndole sobre la nuca en enorme castaña, engalanado con alguna flor de tallo larguísimo y de perfumado broche.
Como pocos la saben, el Maestro, sofocado, esgrime el puntiagudo chuzo de macana con que apunta, y aquí pincha una mano, allá un molledo, acullá tumba un catón.
Se apearon en un sitio solitario, un cruce en glorieta perdida. Todos los viajeros habían ido quedándose acá y acullá... Sólo entonces se le ocurrió a Pelegrín, libre ya de la fascinación del tranvía, volver a su estado habitual de susto.
Allí cuatro viejos en quienes se ha agotado la fuente del sentimiento, avaros, digámoslo así, de su época, convienen en que los jóvenes del día están perdidos, opinan que no saben sentir como se sentía en su tiempo, y echan abajo sus ensayos, sin haberlos querido leer siquiera. Acullá un periodista sin período, y otro periodista con períodos interminables, que no aciertan a escribir artículos que se vendan, convienen en la manera indisputable de redactar un papel que llene con su fama sus gavetas, y en la importancia de los resultados que tal o cual artículo, tal o cual vindicación debe tener en el mundo, que no los lee.
l sol caía a plomo sobre la desierta carretera; lucía el cielo su más deslumbrante azul; la montaña, los tonos más brillantes y más rojizos de sus laderas, el verde más lozano de sus viñedos y el oscuro más intenso de sus retorcidos olivares; ora medio escondidos entre los repliegues del monte, ora sobre sus bien soleadas cumbres, destacábanse acá y acullá los blancos caseríos sombreados por copudos algarrobos...
Y mientras el Bellotero colocaba a la sombra que proyectaba sobre el camino una cortadura del monte al animal, el desconocido sentábase al pie de uno de los árboles que brindan, acá y acullá, en el empinado camino, un sombroso refugio al caminante.
Pues ese mismo arquitecto parece haber sido el que dispuso el gran derribo de septiembre, a juzgar por los sudores que los albañiles que asisten a la obra pasan a cada instante por evitar las descalabraduras con que los amenaza la viga de acá, el tabique de allá y el arco de acullá que se desploma.