Ejemplos ?
Y el hombre sin importancia se quedó ahogado, vencido, acobardado en aquel inmenso y profundo océano de hirientes y lacerantes risas, como los impotentes para rebelarse, porque disfrutan las apariencias de la felicidad.
Y para vencer toda vacilación en el ánimo del acobardado mancebo, aquella mujer, alma de demonio encarnada en la figura de un ángel, dio un salto como la pantera que se lanza sobre una presa y estampó un beso de fuego en los labios de Fortunato.
Valerio, con tono lleno de autoridad, ordenó a los lictores que dejasen de ayudar a quien no ostentaba ningún cargo oficial; a lo que Apio, completamente acobardado y temiendo por su vida, envolvió su cabeza con la toga y se retiró a su casa cerca del Foro sin que sus enemigos percibiesen su huida.
A su regreso fueron convocados a la Curia, y en respuesta a las preguntas de los senadores ancianos, informaron que les habían parecido aún más sombríos y deprimidos que el día anterior; la columna se trasladó todo el rato tan silenciosamente que podrían haber sido mudos; el temple romano estaba acobardado; habían perdido su ánimo y sus armas; no saludaban a nadie, ni devolvían el saludo a nadie; ni un sólo hombre se atrevía a abrir su boca por miedo a lo que pudiera venir; sus cuellos estaban abatidos como si estuviesen aún bajo el yugo.
Llamó el oficial Presidente a un marinero de los que hacían eficaz su mando, y le ordenó que compareciese el viejo malagueño. Éste volvió en seguida, un tanto acobardado, temiendo algún castigo.
La noche se hacía cada vez más obscura; las estrellas parecían hundirse más profundamente en el cielo, y las nubes las ocultaban a veces a su vista. Nunca se había sentido tan solo y acobardado.
Nadie sospechó la audacia, como no fuese acaso, el juez, quien, entonces disimularía sintiéndose dominado por los bandidos; pero, esto fue mera suposición de los comentarios posteriores al incidente, y vale más presumir a la autoridad tan engañada como los otros, dado que ni conocía al gaucho personalmente, ni habríase acobardado, quizás, por carecer de fuerzas, sin intentar algo al menos con sus numerosos domésticos y convidados.
Pasaron varios días antes de que Wolfert pudiera reunir el valor suficiente para proseguir su empresa, tanto le había acobardado la aparición del terrible bucanero, vivo o muerto.
El que ha visto romper coso estacado que espeso el vulgo en pelotón rodea, a un toro de los perros hostigado, y herido de la puya y la pelea, del cual el pueblo huye acobardado, mientras la gente el animal cornea; piense que así o aun más terrible acaso el crüel sarraceno se abre paso.
Todos despreciaban a TOPIL que había perdido el respeto del reverencial -TZIN. Era un pobre Tópil. Acobardado no quería intervenir más en contra de las fuerzas del destino.
De tarde en tarde un transeúnte, acobardado por aquel mortal silencio, al deslizarse rápidamente, rozaba el revoque de las fachadas.
Eutidemo se preparaba a dirigir, como se hace en la lucha, un tercer ataque a Clinias, pero viéndole casi acobardado con todos estos discursos, tuve yo compasión de él, y para consolarle, le dije: –No te asustes, Clinias, de esta manera de discurrir, a que no estás acostumbrado.