Ejemplos ?
La Poesía y el Amor bendito las fuentes son en donde el alma apaga su abrasadora sed de lo infinito.» Reinó el silencio, y la penumbra vaga del ancho espacio esclareció un momento la luz de los relámpagos aciaga.
Respondióle Tetis, derramando lágrimas: — ¡Ay hijo mío! ¿Por qué te he criado, si en hora aciaga te di a luz? ¡Ojalá estuvieras en las naves sin llanto ni pena, ya que tu vida ha de ser corta, de no larga duración!
En otro tiempo fue aciaga para el mismo Zeus, que es tenido por el más poderoso de los hombres y de los dioses; pues Hera, no obstante ser hembra, le engañó cuando Alcmena había de parir al fornido Heracles en Tebas, ceñida de hermosas murallas.
Después de aconsejar cómo se haría, tomó camino hasta aquel coso abierto, y, ante la turba allí en la plaza aciaga, compareció con más de ciento a zaga.
A tus plantas los dejo, y peregrino, mientras tu santa protección los guarde, voy, en mi aciaga tarde, a recorrer, el resto del camino.
Muchos estrangeros residentes en Buenos Aires, en la epoca aciaga de los degüellos, habian simpatizado con la causa de la libertad bajo cuya bandera combatia dignamente el General D.
Las naves de la armada chilena hacen periódicamente su estación naval en los puertos de Antofagasta y Mejillones, y gracias a esta circunstancia pudo prestar oportunos auxilios a esas poblaciones en la noche aciaga de 9 de Marzo de 1877".
Pero un día que por la playa jugueteaba la chicuela y bromas de toda laya soportaba el centinela como poca bagatela, acertó a pasar la maga del mar y de los oleajes y quiso la suerte aciaga que su vestuario de encajes la niña lo hiciera rajes.
Aprecia los esfuerzos con que las autoridades civiles y militares han echo frente a la adversidad y agradece el apoyo de numerosas naciones y organizaciones internacionales que en esta hora aciaga han refrendado lazos de amistad con el pueblo y el Gobierno de México.
Aquí murió de amor en hora aciaga Mirtilo, y Bala su rebaño; llora La primavera y le tributa Flora Rústico incienso cuyo olor embriaga.
Declina tu cabeza de honda noche delincuente sobre mi tétrica frente, sobre mi aciaga cabeza; deje su indócil rareza tu numen desolador, que en el drama inmolador de nuestros mudos abrazos yo te abriré con mis brazos un paréntesis de amor.
La aciaga profecía del fin cercano y mísero del mundo cumplida viendo, el águila de Patmos las alas bate entre la niebla fría volando a un nuevo porvenir profundo.