acerbo

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acerbo, a

(Del lat. acerbus, áspero y agrio.)
1. adj. culto De sabor áspero les dio a beber un acerbo licor de tonalidades verdosas. acre
2. Se aplica al sufrimiento que es muy intenso, cruel, amargo le oprimía un acerbo dolor. amargo

acerbo, -ba

 
adj. Áspero al gusto.
fig.Cruel, desapacible.
Sinónimos
Traducciones

acerbo

aspro

acerbo

ADJ [sabor] → bitter, sour; (= cruel) → harsh, scathing
tener un odio acerbo a algoto despise o detest sth
Ejemplos ?
Las nuevas generaciones han aprendido en la justa desconfianza, en el hábito insustituible de la crítica más acerba, pretextos para la inacción.
En éste, en quien fue tan conocido el amor, debemos tener por cosa cierta que ninguna cosa le puede ser más acerba que este suceso.
Si fue lacrimable y acerba esta noticia para nosotros, consideradlo, reluciente farol del día; consideradlo mientras lo restante patentizo.
El enlutado entonces que mostraba Autoridad entre ellos, la voz fiera Alzó en un pergamino que llevaba Leyendo en torba voz de esta manera; «Mirando los pecados infinitos »Con que manchó su vida y su conciencia »El alma de este juez, y sus delitos »No mereciendo de su Dios clemencia »Y en la balanza igual de su justicia »Pesando mucho mas que su inocencia »La venganza, el orgullo y la avaricia, »Al cuerpo infame el Hacedor sentencia »Con el alma á sufrir males eternos »Por una eternidad en los infiernos.» Y á estas palabras la infernal caterva Del vil cadáver con furor asiendo (197) Iba á ensayar en él venganza acerba Con ira horrible y tronador estruendo Cuando á la voz de Satanás cediendo El tumulto feroz...
ni justo, eliminar ese factor de encauzamiento de las actividades sociales, tan sólo en atención a falsos pudores de independencia y a la crítica acerba que la torpeza y la necedad invocan como argumentos incontrastables cuando censuran nuestra disciplina de partido y nuestro espíritu de cuerpo, siendo que en el fondo de esa crítica no hay más que el deseo de dividir a los hombres de la Revolución, para debilitar al Gobierno proveniente de ella y especular con nuestras disensiones.
La primera es por su naturaleza más grave, y esta segunda más ligera; y solos los delicados la juzgan por pesada; y no siendo con ella damnificados, sino solamente ofendidos, es tan grande el dejamiento y vanidad de los ánimos que son muchos los que piensan no les puede suceder cosa más acerba.
Estas y otras palabras que le dije con toda la caridad que se requiere en estas cosas, calmaron su inquietud acerba, y el hombre que a la par que su hermano, pocos momentos antes prorrumpía en imprecaciones y recorría su calabozo delirante, como si sus pies no hubiesen estado cargados con pesados grillos que los oprimían, se arrodilló ante mí con humildad cristiana, me confesó sus pecados y recibió mi absolución.
Retirado pues, con su esposa, devoraba Meleagro la acerba cólera que le causaran las imprecaciones de su madre; la cual, acongojada por la muerte violenta de un hermano, oraba a los dioses, y puesta de rodillas y con el seno bañado en lágrimas, golpeaba el fértil suelo invocando a Hades y a la terrible Perséfone para que dieran muerte a su hijo.
La soledad y el hielo de su vida le acosan en este día en que se rinde culto a la familia, se prende el lar de los afectos y se piensan en los ausentes y en los muertos queridos. La felicidad que nota en tanta cara extraña le hace más acerba su desgracia.
Teucro, a su vez, sacó del carcaj una acerba flecha, y ya estiraba la cuerda del arco, cuando Héctor, de tremolante casco, acertó a darle con la áspera piedra cerca del hombro, donde la clavícula separa el cuello del pecho y las heridas son mortales, y le rompió el nervio: entorpecióse el brazo, Teucro cayó de hinojos y el arco se le fue de las manos.
Patroclo recostó en ellas a Eurípilo y sacó del muslo, con la daga, la aguda y acerba flecha; y después de lavar con agua tibia la negra sangre, espolvoreó la herida con una raíz amarga y calmante que previamente había desmenuzado con la mano.
Si, por desgracia, en nuestra acerba y descreída era están tibios y aminorados los dos primeros, no lo está por suerte el último, que permanece en el siglo como una cruz en la cúspide de un edificio que van invadiendo, al menos al exterior, las frías aguas del indiferentismo.