acera


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acera

(Del ant. facera < faz, cara.)
1. s. f. Parte lateral de una calle o carretera destinada al paso de los peatones esta calle tiene unas aceras ideales para pasear.
2. Fila de casas que hay a cada lado de la calle.
3. ARQUITECTURA Paramento exterior de un muro o cada uno de los sillares con que se forma.
4. ser de la acera de enfrente, o de la otra acera coloquial Ser homosexual pensaban que era un afeminado, pero no de la acera de enfrente.

acera

 
f. Parte lateral de una calle o vía pública, destinada a los peatones.
p. ext.Fila de casas a cada lado de la calle o plaza.
Paramento de un muro.
arq. Cada una de las piedras que forman los paramentos de un muro.

acera

(aˈθeɾa)
sustantivo femenino
piso elevado entre la calle y las casas para uso de los peatones Los niños juegan en la acera frente a su casa.
ser homosexual Mi tío es de la otra acera.
Sinónimos

acera

sustantivo femenino
(América) vereda, senda, sendero.

acera:

encintadobordillo, orilla, margen, reborde, borde,
Traducciones

acera

الرصيف

acera

chodnik

acera

人行道

acera

chodník

acera

המדרכה

acera

歩道

acera

보도

acera

SFpavement, sidewalk (EEUU)
los de la acera de enfrentethe gays

acera

f. sidewalk.
Ejemplos ?
Volviendo así esperanzado, a la caleta a vender; toda esta carga de ensueños, que hoy ha salido a coger. CALLES VACIAS Peldaños entrecortados, largas escaleras, partidas; travesaños descontinuados, en una acera vacía.
Hacia la vera de las ciudades ilesas del ultraje, llegaba una figura humana agotada, triste, malferida, exhausta, extenuada por el hambre y la miseria, las plagas y las enfermedades, pero con el orgullo intacto, con una ecuatorianidad sentida, maldiciendo la impotencia y venciendo el destino de no someterse al invasor: era el refugiado orense, que luego se paseaba las ciudades y se lo encontraba ya en la acera de la calle, en las plazas y parques, con una figura bravía, aunque haraposa.
Allí, entre los mil objetos y personas que cruzaban en todas direcciones, observó que, a semejanza de los aviones que en las calorosas tardes de verano revoloteaban incansables alrededor del campanario de su lugar, discurrían por una y otra acera, pasaban, volvían a pasar, y siempre las mismas, aunque en incalculable número, mujeres de incisiva y elocuente mirada, beldades de esbelto talle y desenvuelta marcha; mujeres que, sin saber por qué, le arrancaban del echo hondos suspiros.
Huía de sí propia, de su menaje, de su familia, de todo lo pasado, hasta del equipo, el bonito equipo orlado de espumas de encajes de imitación, pero finos y vaporosos, y tan lindamente marcado con cifras y escuditos, sobre el sitio que corresponde al corazón. Al poner el pie en la acera, sólo sabía Elvira que no quería volver a su casa jamás.
Todos ustedes son testigos que ante el establecimiento de una sucursal, con pisos de mármol y cristales importados, de alguno de los grandes grupos bancarios, en la acera de enfrente se abría uno que costaba el doble.
Y se quedó mirando partir la lujosa berlina, en pie sobre la acera y mascando el cigarro que se desvanecía en espirales de humo, mientras la Marquesa, oprimiendo entre sus manos las de Jorge, y volviendo hacia él su rostro henchido de promesas y de deseos, murmuraba a su oído con acento apasionado y febril: -¡Jorge mío, qué dichosa soy a tu lado!...
-grité tres veces en un minuto, y nada, no me abrieron. Llamé al sereno, que venía abriendo puertas de acera en acera, saliéndose de sus casillas a cada paso.
Maravillóse al ver magníficos puentes, puesto que estaban destinados á pasar un arroyuelo que sin mojarse los piés se vadea las quatro quintas partes del año; pasó por calles anchas y magníficas, llenas de palacios á una y otra acera, y entró por fin en casa de la dama que con una sociedad de personas decentes le esperaba á comer.
Efraín y Enrique, después de un breve descanso, empiezan su trabajo. Cada uno escoge una acera de la calle. Los cubos de basura están alineados delante de las puertas.
Es ombligo de la corte: la Puerta del Sol aquella; la Vitoria al cabo de ella; y a la otra acera es su norte el Buen Suceso; allí enfrente el Carmen; a man derecha la Calle Mayor, cosecha de toda buscona gente: San Felipe a la mitad; Puerta de Guadalajara arriba, de quien contara lo que puede una beldad; pues por más que un bolsillo haga, es como dar con el toro; y, cobrando en plata u oro, paga en cuartos, si es que paga.
Así, ¡cuál no sería mi gozo cuando, al pasar por la plaza de la Catedral, tras la serenata, vi, sentada en una acera, arropada en su rebozo, como entregada al sueño, a una mujer!
Kovaliov se dio por enterado y, tomando de encima de la mesa un billete de diez rublos, lo puso en manos del guardia que abandonó la estancia después de pegar un taconazo y cuya voz oyó Kovaliov casi al instante en la calle aleccionando, con acompañamiento de puñetazos, a un estúpido mujik que se había metido en la acera con su carreta.