acémila

(redireccionado de acémilas)
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acémila

(Del ár. az-zemila, bestia de carga.)
1. s. f. Mula o macho de carga transportó los odres de vino con una joven acémila.
2. Persona ruda y de escaso entendimiento. asno

acémila

 
f. Mula o macho de carga.
fig. y fam.Persona de resistencia y aguante para toda clase de trabajo.
Sinónimos

acémila

sustantivo femenino
asno, mula.
Acémila abarca cualquier tipo de animal de carga, entre ellos la mula y el asno.

acémila:

mulobárbaro, mula, cafre, patán, animal, bestia, ignorante, atroz, bruto, inculto, torpe, bestial,
Traducciones

acémila

mulet

acémila

mule

acémila

SF
1. (= mula) → beast of burden, mule
2. (= persona torpe) → thick-headed person
Ejemplos ?
Con la bandera del Cid Pero Bermúdez llevó La primer haz esforzada Y de ella marchan en pos Acémilas con fardaje Y un magnífico escuadrón De quinientos caballeros, Todos de fama y valor: Seguía doña Jimena Que adolorida lloró, Con guerreros de alto nombre Que eran la nata y la flor.
Torna a esconderse tras el negro pabellón que le rodea, y con su aliento de hielo estremece a las acémilas que, con las orejas tendidas hacia atrás, el cuello prolongado y el ojo moribundo, marchan con paso vacilante, manifestando con tristes quejidos su fatiga y abatimiento.
Al siguiente día emprendí marcha sobre Huanta, lugar en el que debía dejar las acémilas que llevaba de Ayacucho, a fin de que éstas, una vez descansadas, sirvieran para el Batallón “Dos de Mayo”, que debía seguirme, dirección a la Quebrada.
Otro día sacáronme a la plaza; y otra vez me pusieron en almoneda, pregonando el pregonero a quién más da por él; y un tahonero de un lugar de allí cerca me compró siete dineros más caro que primero me había comprado Filebo, el cual molinero luego me cargó muy bien de trigo que allí había comprado; y por un camino de muchas cuestas, pedregoso y muy malo de andar, me llevó a su tahona, que aquel era su oficio: así vi muchos caballos y acémilas que traían aquellas muelas en derredor...
¡Oh Dios, y qué hombrecitos había allí pintados de las señales de los azotes que les daban, las espaldas negras de las heridas y palos, con unos enjalmillos más para cobertura que vestidura; otros solamente en paños menores cubiertas sus vergüenzas, y tan rotos que casi todo se les parecía; herrados en la frente y argollas de hierro en los pies; las cabezas trasquiladas, los ojos pelados y comidas las pestañas del humo y hollín de la casa; por lo cual, todos tenían los ojos muy malos y blanqueaban con la ceniza sucia de la harina, como cuando los luchadores que quieren luchar se polvorean con tierra! Pues de mis compañeros los otros asnos y acémilas que molían, ¿qué podría decir?
En las ferias de Guinea nos compráis, como si fuéramos acémilas, para forzarnos á que trabajemos en no sé qué faenas tan penosas como ridiculas; á vergajazos nos haceis horadar los montes para sacar una especie de polvo amarillo que para nada es bueno, y que no vale, ni con mucha, un cebollino de Egipto.
No acabó de sosegarse la huéspeda, y siempre estuvo rezando hasta que se fue el Corregidor y vio salir libre a su marido; el cual, en tanto que estuvo con el Corregidor, le dijo: -«Hoy hacen, señor, según mi cuenta, quince años, un mes y cuatro días que llegó a esta posada una señora en hábito de peregrina, en una litera, acompañada de cuatro criados de a caballo y de dos dueñas y una doncella, que en un coche venían. Traía asimismo dos acémilas cubiertas con dos ricos reposteros, y cargadas con una rica cama y con aderezos de cocina.
Baltasar de la Cueva, conde de Castellar y de Villa-Alonso, marqués de Malagón, señor de las villas de Viso, Paracuellos, Fuente el Fresno, Porcuna y Benarfases, natural de Madrid, hijo segundo del duque de Alburquerque, caballero de Santiago, alguacil mayor perpetuo de la ciudad de Toro, alfaqueque de Castilla y vigésimo virrey del Perú, entró en Lima el 15 de agosto de 1674, ostentando -dice un historiador- en acémilas lujosamente ataviadas la opulencia que solían sacar otros virreyes.
Luego, viene la recolección de leña para los hornos, transporte en acémilas, tanto de la caña cortada como de la leña; la molida en trapiches accionados por bueyes o mulares en la generalidad, y, excepcionalmente, por pequeños motores de explosión, en los que se pierde el cincuenta por ciento del producto.
Efectivamente, en Cuenca se reponen y acrecen las tropas republicanas, no escatimando ningún acto de abnegación sus pobladores, que contribuyen con lo que les es posible, ya en dinero, ya en joyas que entregan para que se funda el oro y plata de ellas, ya en acémilas, ya en víveres, ya en vestuario, ya, en fin, proporcionando mil fusiles y el contingente de sangre de más de ochocientos cuencanos que se cubren de gloria en el Pichincha.
El caballero dijo: -Pues yo he menester este asno, porque ha de traer con las otras acémilas de esta villa que aquí está cerca ciertas cargas de nuestro capitán.
Artículo 234.- El que falsifique o adultere, o haga falsificar o adulterar los víveres, forrajes, líquidos, medicinas u otras substancias confiadas a su guarda o vigilancia, o que conociendo su falsificación o adulteración las distribuya o haga distribuir a la tropa, caballos, ganado de tiro o acémilas, será castigado con la pena de cinco años de prisión.