abuelos


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Sinónimos

abuelos

sustantivo masculino plural
ascendientes*, antepasados, antecesores.
Traducciones

abuelos

prarodiče

abuelos

bedsteforældre

abuelos

isovanhemmat

abuelos

djed i baka

abuelos

nonni

abuelos

祖父母

abuelos

조부모

abuelos

dziadkowie

abuelos

avós

abuelos

farföräldrar

abuelos

ปู่ ย่า ตา ยาย

abuelos

ông bà

abuelos

祖父母
Ejemplos ?
Al poco rato se presentaron los hijos y los nietos; todos sabían muy bien que eran las bodas de oro; ya los habían felicitado, pero los viejos se habían olvidado, mientras se acordaban muy bien de lo ocurrido tantos años antes. El saúco exhalaba un intenso aroma, y el sol, cerca ya de la puerta, daba a la cara de los abuelos.
En el brevísimo espacio de tiempo que media entre recibir de su mano el vaso y llevarlo a la boca, aquellas mismas fuerzas de los abuelos que me precipitaban a morir se asomaron de golpe al borde de mi destino a contenerme...
Hermanos y amigos míos, ya sabéis que de mucho tiempo acá vosotros y vuestros padres y vuestros abuelos habéis sido y sois súbditos y vasallos de mis antecesores y míos, y siempre de ellos y de mí habéis sido muy bien tratados y honrados, y vosotros asimismo habéis hecho lo que buenos y leales vasallos son obligados a sus naturales señores; y también creo que de vuestros antecesores tenéis memoria como nosotros no somos naturales de esta tierra, y que vinieron a ella de muy lejos tierra, y los trajo un señor que en ella los dejó, cuyos vasallos todos eran.
El cuál volvió donde ha mucho tiempo y halló que nuestros abuelos estaban ya poblados y asentados en esta tierra, y casados con las mujeres de esta tierra y tenían mucha multiplicación de hijos, por manera que no quisieron volverse con él ni menos lo quisieron recibir por señor de la tierra y él se volvió, y dejó dicho que tornaría o enviaría con tal poder que los pudiese constreñir y atraer a su servicio.
En fin de Iloc el tercero: Pluvioso también el nombre del dios que recibieron los abuelos, los padres de los jefes que conocemos ahora.
Por esta parte de belleza que se ofrece a la vista, querido hijo de Glaucon, no has degenerado de tus abuelos; y si en cuanto a sabiduría y a otras cualidades análogas estás dotado en los términos manifestados por Critias, entonces, mi querido Carmides, declaro que tu madre ha echado al mundo un dichoso mortal.
Los seres humanos somos, meditaban nuestros antiguos abuelos, como esa energía, creadores, y por eso nos distinguimos de las cosas, de los vegetales y de las bestias.
La clase de Español se caracteriza por su relevancia instrumental y hablar de Gramática en su sentido tradicional, ese que aprendieron nuestros abuelos y nuestros padres hasta exclamar que era la “ciencia que quita la paciencia y no enseña nada”, como para reincorporarla a los estudios de nuestra área en primaria o secundaria de acuerdo con el enseñar ya reprobado, es aberrante y contradictorio.
Nuestros abuelos ANAHUACAS hablaban del TEOTL, la energía creadora por la cual todos existimos, es decir, IPALNEMOHUANI de donde surgió el primer ser: HUEHUETEOTL, el fuego tatarabuelo, el señor fuego, el creador e iluminador de todo, hasta de sí mismo; pero doblemente él, es decir, OMETECUHTLI; que a su vez se multiplicó en otro doble y opuesto, OMECIHUATL; para ser cuatro, dos veces dos, como los cuatro puntos cardinales donde construirían poco a poco el universo dividido en trece espacios y casi por último, la vida: TONACAYOTL.
Era algo más fatal, más frenético, más sin remisión, como si desde el fondo del pasado mis abuelos, mis bisabuelos, mi infancia misma, mi primera comunión, mis ensueños, como si todo esto no hubiera tenido otra finalidad que impulsarme al suicidio.
Iban cogidos de la mano, como los abuelos hicieron de pequeños, pero no se encaminaron a la Torre Redonda ni al jardín de Frederiksberg, sino que la muchacha sujetó al niño por la cintura y se echaron a volar por toda Dinamarca; y llegó la primavera, y luego el verano, el tiempo de la cosecha y, finalmente, el invierno; y miles de imágenes se pintaban en los ojos y el corazón del niño, mientras la muchachita cantaba: -¡Jamás olvidarás esto!
Y tuvieron tres rollizos chiquillos, aunque no de una vez. Cuando iban a ver a los abuelos, los niños montaban el caballo de madera y corrían por las salas y los dormitorios.