abrojo

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También se encuentra en: Sinónimos.

abrojo

(Del lat. aperi oculos, abre los ojos.)
1. s. m. BOTÁNICA Planta de tallo rastrero, hojas compuestas con folíolos pares y fruto casi esférico y espinoso, que es frecuente en los sembrados. tríbulo, abreojos
2. BOTÁNICA Fruto del abrojo.
3. BOTÁNICA Cardo estrellado, planta.
4. Pieza de plata u otro metal, que tiene forma de abrojo y que colocaban los disciplinantes en el extremo del azote para aumentar su penitencia.
5. MILITAR Pieza de hierro, con cuatro puntas o cuchillas dispuestas de forma que siempre queda una mirando hacia arriba, cuya finalidad era dificultar el avance del ejército enemigo, especialmente de la caballería.
6. s. m. pl. literario Penas o sufrimientos.
7. NÁUTICA Escollos o peñas agudas, que se encuentran en el mar a poca profundidad.
NOTA: Nombre científico: (Tribulus terrestris.)

abrojo

 
m. bot. Planta de la familia zigofiláceas (Tribulus terrestris), de fruto capsular y espinoso.
Instrumento metálico en figura de abrojo que solían poner los disciplinantes en el azote para herirse las espaldas.

abrojo

(a'βɾoxo)
sustantivo masculino
planta de tallos rastreros y fruto redondo y espinoso Hay que quitar los abrojos de la huerta.
Traducciones

abrojo

thistle, thorn

abrojo

SM
1. (Bot) → thistle (Mil) → caltrop
2. abrojos (Náut) → submerged rocks, reefs (Méx) (= matorral) → thorn bushes
Ejemplos ?
La mía es un conjunto de absurdos y de antojos creados y creídos por el favor vulgar: un aluvión de versos que dan placer y enojos, un haz de pocas flores entre un millar de abrojos que echadas entre el pueblo me han hecho popular.
Alzó por fin los ojos tras largo andar, oyendo de agua cercana y mucha el ronco estruendo, y entre espesos abrojos y antiguas yerbas que a su par brotaron, una arruinada ermita vió delante, que, ya de largos años olvidada, las lluvias y los vientos maltrataron.
Mas siempre del juez dejaba La imaginacion incierta Cuanto en las hojas leía De la confusa cartera: Porque esparcidos á trozos En desordenadas piezas Sus misteriosos fragmentos Decian de esta manera: (220) Jamás me pararé: siempre á mis ojos Se estiende y á mis pies algun camino. Por breñas, por pantanos, por abrojos Sin término vagar es mi destino.
pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. 4.7. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. 4.8.
Si algún orgullo hay, pues, disculpable, es el que se funda en la aristocracia del talento, y más disculpable, ciertamente, donde es a toda luz más fácil nacer hermosa, de noble cuna, o adquirir riqueza, que lucir el talento que nace entre abrojos cuando nace, que sólo acarrea sinsabores, y que se encuentra aisladamente encerrado en la cabeza de su dueño como en callejón sin salida.
4.18. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, 4.19. pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto.
pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. 13.7. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. 13.8.
Allí, por último, el Nazareno, agobiado con el peso de su túnica de terciopelo oscuro, cuajada de palmas y cenefas de oro y sujeta por grueso cordón de anchos borlones, macilento y cadavérico rostro, apenas visible entre los flotantes rizos de la cabellera y las espirales de la ondeada barba virgen; el Nazareno, triste, de penetrantes ojos y cárdenos labios, de frente donde se hincan los abrojos de la corona, arrancando denegridas gotas de sangre.
Cuando el sudor anega mis doloridos empañados ojos, cuando me hieren los aceros fríos de punzantes abrojos, cuando me azotan los hermanos míos que me encuentro de frente en el desierto, vertiendo sangre a ríos y lágrimas a mares, torno al huerto.
Cuando el dinero habla todos callan. Cuando no aprovecha la fuerza, sirva la maña. Quien abrojos siembra, espinas coge. Cuando truena, llover quiere.
Y detrás del Nazareno de la frente coronada, por aquel de espigas lleno campo dulce, campo ameno de la aldea sosegada, los clamores escuchando de dolientes Misereres, iban los hombres rezando, sollozando las mujeres y los niños observando... ¡Oh, qué dulce, qué sereno caminaba el Nazareno por el campo solitario, de verdura menos lleno que de abrojos el Calvario!
Era la de mano derecha tan angosta que no admite encarecimiento, y estaba, de la poca gente que por ella iba, llena de abrojos y asperezas y malos pasos.