abro

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m. bot. Planta de la familia papilionáceas (Abrus precatorius), de cuyas hojas se hace una infusión pectoral.
Ejemplos ?
Yo te amo: poco a mis ansias la corona es de condesa; para ceñirla a tus sienes ansiara imperial diadema. Pero si yo abro de Burgos a tus árabes las puertas, ¿cómo reinar en Castilla a no conquistarla entera?
Yo abro con insolencia las ventanas del Oriente; yo, traigo al rubicundo Febo asido de las mil hebras de oro de su cabellera luminosa.
Eso sí, y bien claro se lo solfeó a su hijo: -«Si llegas a gastar los cuartos que me valieron las tierras sin cantar misa, Dios te la depare buena, porque, lo que es yo, te abro en canal.» Contribuyó mucho a que el chico entrara en el Seminario, el consejo del mayorazgo de la Casona.
Mudas están las salas, y está mudo el largo corredor; y las que al paso abro, cerradas puertas, con gemidos plañideros responden que, entre el vago silencio, suenan como a voces tristes de las muertas memorias del pasado.
Sabed que la encantadora princesa es mi hija y la doy en matrimonio a este joven caballero que la ama entrañablemente y cuyo amor es correspondido; sabed también que, conmovido por la paciencia y cariño de la fiel esposa a quien he arrojado indignamente de este palacio, le abro mis brazos y mi corazón con el propósito de hacerla olvidar con mi ternura cuentas penas le ha ocasionado mi carácter receloso; y si mucho estudio puse en disgustarla para someterla a continuas y difíciles pruebas, mayor será mi afán por hacerla feliz.
Por eso iba al despacho del doctor, donde había visto luz. Abro la puerta, y al lado del querido doctor veo a dos señores vestidos de negro, evidentemente procuradores, los tres de pie delante de la mesa.
Y lo más grave es que cuando abro los diarios veo a esos empresarios que de aplicar las políticas que dicen ellos resultarían perjudicados publicar propaganda en los diarios que precisamente son los que critican que protegemos los productos que ellos mismos ofertan en esos diarios.
y no se habrá tirado por el balcón, ni aquí hay puertas falsas, ni está entre esos colchones (Dando palos sobre las camas.) y ese armario está cerrado... tiene que estar ahí dentro. Abra usted o lo abro yo a tiros. PÉREZ .- (Con cierta energía.) De ningún modo.
Parecióme con lo que dijo pasarme el corazón con saeta de montero, y comenzóme el estomago a escarbar de hambre, viéndose puesto en la dieta pasada. Fue fuera de casa; yo, por consolarme, abro el arca, y como vi el pan, comencelo de adorar, no osando recebillo.
Y como la antiquísima arca, por ser de tantos años, la hallase sin fuerza y corazón, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindió, y consintió en su costado por mi remedio un buen agujero. Esto hecho, abro muy paso la llagada arca y, al tiento, del pan que halle partido hice según deyuso está escrito.
Sentada en el papel esta provechosa verdad, que es la verdadera, abro el reglamento de censura: no me pongo a criticarlo, ¡nada de eso!, no me compete.
¡Y tú, tú matastes al infeliz a pesadumbres! -¡Niégueme Dios su gloria si yo no abro en canal a esta bribona!... Dejámela, no vos atraveséis delante...