abriles

abriles

(aˈβɾiles)
sustantivo masculino plural
años de una persona cumplir dieciocho abriles
Ejemplos ?
Porque, dígame: ¿qué armas tiene un hombre de mi hechura para tratar con una tirana de veinte abriles, cuya fuerza consiste en su propia debilidad?
«Aquí está Dios», la dijeron, y ella dijo: «Yo le adoro.» «Aquí está el torno y el coro.» Y pensó: «¡No hay más allá!» Y sin otras ilusiones que sus sueños infantiles, pasaron sus seis abriles sin conocerlos quizá.
-Sí que era un mozo de chipé -dijo el viejo; y tras dedicar un breve suspiro a la memoria del difunto, continuó: -Pos bien, el de la Jalapa, que era un róa de cuerpo entero y con un corazón más grande que el Martinete, vivía, cuasi como si estuviera jaciéndolo como manda Dios y la Santa Madre Iglesia, con Rosario la Paloma, una gachí de veinte abriles a la que no se la podía mirar dos minutos seguíos sin que se le descompusieran a uno toitos los resortes der corazón, por cuya gachí sentíase el señor Toño, no obstante sus cincuenta y pico y su miajita de panza, capaz de jacer más primores que una monja y más ruío que toito un campanario.
He aquí en lo que he gastado mis alientos juveniles, mientras era en sus abriles mi estro pródigo y gentil; e iba entonces descuidado, bardo errante y vagabundo, alegrando al viejo mundo con mi aliento juvenil.
Pobre niña, entrada apenas en sus quince abriles bellos, sin saber apreciar de ellos la belleza ni el valor, fué en el campo cautivada por un noble Abencerraje y ofrecida en homenaje por traición a su señor.
o morena, sino casi etiópica, era Currita la Mayorala, hembra de veinte abriles, de pelo rizozo, abundantísimo y negro como el azabache, con ojos de antílope en celo, tez fina y renegreante, de facciones enérgicas como las de un gitano adolescente, y cuerpo lleno, robusto, de marmóreas y arrogantes curvaturas y suelto y ágil como el de la más gentil bailadora.
Lo que le pasaba era para entumecerle el tímpano a cualquiera; le ardía la sangre y algo hubiera dado en aquellos instantes por zambullirse en un baño de cuajaíta; no era para menos: ya estaba como todos los días Rosario en la puerta de la calle, sólo por el gusto de ver pasar al de Mairena; ¡aquello era para poner tarumba, al de más luces!, ser despreciado por causa de Paco, de aquel gachó para sacar en luz al cual se necesitaba todo un cargamento, no ya de sal sosa, sino de espíritu de vino; ¡y ser él la víctima!, él, que según rezaba la partida de bautismo, acababa de cumplir los veinticuatro abriles...
En fin, en hombros la llevo a la venta, y en la cama de la huéspeda la acuesto. Las diligencias del agua abriles restituyeron en rosas a las mejillas, del amor ramilleteros.
Al igual que el joven sostenía en su casa las urgencias de su familia, sosteníalas en el hogar vallisoletano, Andrea, preciosa mujer de veinticuatro abriles, que regentaba una de las escuelas públicas y ayudaba a los aumentos de su haber, con lecciones de idiomas, dadas a señoritas ricas.
Veinte abriles muy galanos; cutis de ese gracioso moreno aterciopelado que tanta fama dio a las limeñas, antes de que cundiese la maldita moda de adobarse el rostro con menjurjes, y de andar a la rebatiña y como albañil en pared con los polvos de rosa y arroz; ojos más negros que noche de trapisonda y velados por rizadas pestañas; boca incitante, como un azucarillo amerengado; cuerpo airoso, si los hubo, y un pie que daba pie para despertar en el prójimo tentación de besarlo; tal era, en el año de gracia de 1776, Benedicta Salazar.
los hijos que sobreviven de los constituyentes José María y Julián Muñoz; Prudencio Ellauri; Miguel, Saturnino y Julián Alvarez; Alejandro, Urbano y Eduardo Chucarro; Julio y Antonio Pereira; Blas Vidal; Agustín Urtubey: Mario Pérez. Contábamos quince abriles cuando la Jura de la Constitución de la República el año 30, en esta capital.
En los años 70 cuidaba en Madrid la impresión de un libro que contenta ciento ochenta poesías, entre suyas, de su Maestro Bastidas, de un jesuita innominado y de Domínguez Camargo, que recién logró editar en 1675, en la Imprenta de Nicolás Jamares, mercader de Libros, bajo el título de "Ramillete de varias Flores poéticas, recogidas y cultivadas en los primeros abriles de sus años por el Maestro Jacinto de Evia, natural de la ciudad de Guayaquil en el reino del Perú, dedicado al Lic.