Ejemplos ?
Sola..., sola..., siempre sola... ––Pero ya sabe aquello de «más vale casarse que abrasarse...» ––Pero si no me abraso... ––¿No se queja de su soledad?
Más arde el fuego preso, y si se aumenta no puede en modo alguno ya ocultarse: lo sé, Amor, que lo pruebo de tus manos. Lo viste al ver mi muda alma abrasarse; y hoy mi propio grito a mí atormenta y a cuantos me son propios o lejanos.
Se diría que todo monasterio es casa de meditación, pero en ninguno como en los Santos Desiertos puede el alma dentro de su vallado huerto, recogerse en si misma y en trance de contemplación abrasarse de amor con el divino esposo (Ibid: 42).
Colgaban perros vivos por los pies y les daban muchos golpes y azotes, diciendo que con aquello se acabaría la tempestad, y se empezó a creer entre ellos que en ciertos días se había de hundir toda la tierra y abrasarse.
El vejestorio se acogió a la magnífica chimenea, entre cuyas columnas de granito, la hoguera, cebada con nuevos cepos de seco pino, se alzaba en movible pirámide de oro, toda jirones flameantes. El café hervía, y sin recelo de abrasarse, lo trasegó el viandante a su estómago helado.
¡El corazon en santa ira siento abrasarse y en despecho hirviente: de la vergüenza que el ultrage inspira el honroso carmín sube á la frente!
––No es soledad de abrasarse; no es esa soledad a que usted, padre, alude. No, no es esa. No me abraso... ––¿Y si se abrasa él? ––Que se refresque en el cuidado y amor de sus hijos.
Bien me decía que igual al mío no era, ni firme amor el que a ella le profesa, mas que, fingiendo el abrasarse, espera tomar con ella la nupcial promesa.
Sin John permaneció en silencio durante largo rato y por fin dijo, con gran comedimiento: – Steenie, esta historia tuya afecta al honor de muchas familias nobles, además de la mía y si fuese una mentira para librarte de mí, lo menos que puedes esperar es que te perfore la lengua con un hierro candente, que será casi tan malo como abrasarse los dedos con un caramillo al rojo vivo.
Todo esto es una majadería, yo lo conozco perfectamente; pero ello es que andando algún tiempo, decía yo, apretándome la cabeza con las manos y como queriendo sujetar la razón que se me escapaba: «¿Por qué da vueltas esa mujer alrededor de mí? Yo no soy una llama y, sin embargo, puede abrasarse.
Por lo demás, ésta es la época en que las tórtolas no son viudas (¡alguna vez no han de serlo!); en que las palomas cantan sus mejores dúos; en que las mariposas salen del colegio y se lanzan al mundo buscando luces en que abrasarse; en que las moscas reaparecen en nuestras casas, cual si hubiéramos mejorado de fortuna; en que los cínifes principian a hacernos compañía toda la noche, tocando el octavín para que no nos durmamos, y en que otros semovientes, todavía más diminutos, le demuestran al que vive en casa de pupilos aquella gran verdad de que «no hay enemigo pequeño».
Apenas me casé con doña Lorencica, pensando tener en ella compañía y regalo, y persona que se hallase en mi cabecera, y me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte, cuando me embistieron una turbamulta de trabajos y desasosiegos; tenía casa, y busqué casar; estaba posado, y desposéme. COMPADRE Compadre, error fue, pero no muy grande; porque, según el dicho del Apóstol, mejor es casarse que abrasarse.