abrasador

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abrasador, -ra

 
adj. Que abrasa.

abrasador, -ra

(aβɾasa'ðoɾ, -ɾa)
abreviación
1. que quema fuego abrasador
2. sentimiento que se siente con gran fuerza una pasión abrasadora
Sinónimos

abrasador

, abrasadora
adjetivo
ardiente, caliente, cálido, caluroso*, agostador, tórrido, acalorado, caloroso.
Abrasador y ardiente son intensivos de caliente. Si se trata del clima o del tiempo, intensifican igualmente la significación de cálido y caluroso, y expresan idea semejante a la de tórrido y agostador. Pueden aplicarse todos (con excepción de tórrido), en sentido figurado, a los afectos y pasiones. Acalorado se usa solo en este sentido figurado.
Traducciones

abrasador

cremador

abrasador

brennend

abrasador

burner

abrasador

varmega

abrasador

cocente, scottante

abrasador

brûlant

abrasador

popálení

abrasador

เปรี้ยง

abrasador

ADJ abrasante ADJburning, scorching
Ejemplos ?
Quejas ahogadas, silabeo de oraciones en voz baja, grave salmodia de responsos, abrasadores lágrimas de arrepentimiento, sofocados suspiros flotaban en el ambiente como seres incorpóreos, como moléculas del incienso evaporado en el aire, como átomos de mirra quemada ante el ara; dijérase que las almas de cuantos allí imploraron del Cielo paz o perdón se habían quedado cautivas en el círculo de los altos muros de la capilla.
Luego una huerta apareció frondosa, con sus parras, su fuente rumorosa, sus rosales y arpados ruiseñores, y bajo de un granado, cuyas flores de púrpura y de fuego parecían labios abrasadores, dos amantes besábanse y reían.
Huellas de cascos de edad inmemorial y cubiertas por las movedizas arenas del tiempo brillaban apagadas contra la corteza terrestre salpicada de polvo. El sol incansable lanzaba sus abrasadores rayos de incandencencia desde lo alto, a mitad de su revolución diaria.
¡Como si él, acostumbrado a trabajar sus terrones y a dirigirlo todo, pudiera resignarse a permanecer inactivo, a convertirse en espectador, a no ver cómo en las mañanas frías de invierno desflora la reja del arado la tierra húmeda y palpitante, para que la mano del sembrador arroje en su seno la simiente fecundadora; a no contemplar bajo los rayos abrasadores del sol de agosto...
Rafael, el rico y buen mozo y estúpido Rafael, satélite ya de nuestros vates, veía pasar ante sí aquella ráfaga de amor y gloria, sin que le tocase ni uno solo de sus abrasadores halagos; lo cual no era parte a impedir que al día siguiente contase a todo el mundo los grandes éxitos que sus amigos habían alcanzado en las máscaras, con la satisfacción y el orgullo de una abuela que refiere las travesuras de sus nietos.
Dejála solita ayí, No la toqués, tentadora, Porque en su caja sonora, Amontonáos y dormidos, Yacen recuerdos queridos Sus desprecios, sus enojos, Sus sonrisas, sus rencores, Los besos abrasadores De sus lindos labios rojos, La luz de sus magos ojos Todo lo guardo yo ayí, ¡Pucha!
Tú, Mecenas, relatarás en fácil prosa y con mayor elocuencia las campañas de César, que conduce por las calles de Roma las cervices humilladas de los reyes amenazadores; a mí la Musa me ordena ensalzar los dulcísimos cantos de tu amada Licimnia, el hechizo de sus ojos abrasadores y su pecho fiel en pagar con creces el amor que le profesas.
No sé cómo contemplándolo pude mentar los timbres insignes del Aqueloo y el Ínaco junto con el famosísimo Nilo. Sólo te deseo, en pago de tus méritos, torrente cenagoso, que no veas nunca más que soles abrasadores e inviernos sin lluvias.
Aunque desde la ardiente constelación de la perra de Icario el sol hienda la tierra con sus rayos abrasadores, los campos Pelignos son regados por cien venas cristalinas, y la fresca hierba tapiza el fecundo suelo.
Ya no era bandada, sino hormiguero infinito, y el calor de los alientos abrasadores y el martilleo de las patas ágiles rompía la costra del hielo y fundía su helada superficie.
Habían andado mucho, toda la tarde, bajo los rayos abrasadores del sol, respirando fuego, mascando polvo, sin una gota de agua para su sed ni un momento de reposo para su fatiga: de buena gana se hubieran detenido un rato para respirar cómodamente las primeras ráfagas de aire fresco que les enviaba el crepúsculo, y ofrecer descanso a sus miembros rendidos; pero no era posible; Curro tenía prisa; necesitaba entregar la carta a un escribano de Madrid, y Madroño seguía a Curro, como siempre, obedeciendo sus mandatos, dejándose conducir por él con melancólica pasividad.
Se inclinan en su tallo todas las flores, rendidas por los rayos abrasadores, y las aves se esconden en las encinas que a la tranquila fuente crecen vecinas.