abeto


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abeto

(Del lat. abies.)
1. s. m. BOTÁNICA Conífera arbórea de hasta 50 metros, tronco alto y recto, corteza lisa, copa cónica de ramas horizontales, con hojas aciculares persistentes y frutos cilíndricos en piñas, que vive en clima frío.
2. Madera de este árbol, no muy resistente, apreciada por su tamaño y blancura.
3. abeto falso, rojo o del norte BOTÁNICA Picea, de corteza de color pardorrojizo cobre, que se utiliza a menudo para la repoblación artificial.
4. aceite de abeto Abetinote, resina.
NOTA: Nombre científico: (Abies.)
NOTA: También se escribe: abete

abeto

 
m. bot. Árbol perennifolio, de la familia pináceas (gén. Abies), propio de la alta montaña, de tronco recto y elevado, copa cónica de ramas horizontales y fruto casi cilíndrico; las semillas son de forma poligonal. La única especie de abeto propiamente dicho que existe en España es el abeto común o blanco (Abies alba), que solo vive en los Pirineos, excepto unas pequeñas poblaciones localizadas en la Sierra de Guara (Huesca) y el Montseny (Barcelona).

abeto

(aˈβeto)
sustantivo masculino
árbol conífero, de madera blanca y fruto en forma de piña abeto de Navidad
Sinónimos

abeto

sustantivo masculino
Traducciones

abeto

ела, смърч

abeto

gran-slægten, grantræ

abeto

Tanne

abeto

piceo

abeto

kuuset, kuusi

abeto

sapin

abeto

abete, picea

abeto

abies

abeto

spar

abeto

gran, barrträd

abeto

jedle

abeto

bor

abeto

もみ

abeto

전나무

abeto

abeto, FIR

abeto

ต้นเฟอร์

abeto

cây linh sam

abeto

冷杉

abeto

SMfir, fir tree
abeto blancosilver fir
abeto del norte, abeto falso, abeto rojospruce
Ejemplos ?
En primavera, cuando volvieron las golondrinas y las cigüeñas, les preguntó el abeto: -¿No saben adónde los llevaron ¿No los han visto en alguna parte?
Todas dormían abandonadamente, unas apoyando su espalda en el follaje de un abeto, otras en hojas de encina sobre el suelo su cabeza en sabio abandono dejando, no como tú dices, ebrias de vino y del ruido de la flauta de loto, enloquecidas y persiguiendo a Venus en la selva.
La cosa ocurría todos los años, y nuestro joven abeto, que estaba ya bastante crecido, sentía entonces un escalofrío de horror, pues los magníficos y soberbios troncos se desplomaban con estridentes crujidos y gran estruendo.
-Alégrate de ser joven -decían los rayos del sol-; alégrate de ir creciendo sano y robusto, de la vida joven que hay en ti. Y el viento le prodigaba sus besos, y el rocío vertía sobre él sus lágrimas, pero el abeto no lo comprendía.
Esto era lo que pensaba el guante, o lo que hubiera podido pensar. «Es un tonto ese abeto», dijeron los cascos de loza rota. Esos cascos todo lo encuentran siempre tonto.
Cuando llegaba el invierno, y la nieve cubría el suelo con su rutilante manto blanco, muy a menudo pasaba una liebre, en veloz carrera, saltando por encima del arbolito. ¡Lo que se enfadaba el abeto!
Llegaron, por fin, a la alta tienda que los mirmidones habían construido para el rey con troncos de abeto, techándola con frondosas cañas que cortaron en la pradera: rodeábala una gran cerca de muchas estacas y tenía la puerta asegurada por un barra de abeto que quitaban o ponían tres aqueos juntos, y sólo Aquileo la descorría sin ayuda.
Pero transcurrieron dos inviernos más y el abeto había crecido ya bastante para que la liebre hubiese de desviarse y darle la vuelta.
En un laberinto flotan sobre el agua la ninfea, y el nelumbio rosado del Indostán, y el loto del río Nilo, que parece una lira. Un bosque es de árboles de copa de pico: pino, abeto.
¡Oh Tebas, nodriza de Sémele, corónate de yedra!, ¡brota, brota en verde tejo de buen fruto, y danza con ramos de encina o de abeto, cubierta de moteadas pieles de cabrito, y corona las trenzas de cabellos blancos con rizos!
En la parte posterior del carro había un abeto, verde todavía y con oropeles en las ramas; había estado en una fiesta de Nochebuena, y luego lo habían arrojado a la calle; el basurero lo había cargado encima de la basura, en la parte trasera del carro.
El desgraciado Penteo, que no vio la turba femenil, dijo así: —Extranjero, desde donde estamos no alcanzo a ver a las Ménades como deseo; subido en una cuesta o en un abeto de alto entronque vería mejor la ocupación nefanda de las Ménades—.