abanicarse

abanicarse

(aβaniˈkaɾse)
verbo pronominal
hacerse aire La mujer se abanicó.
Traducciones

abanicarse

fan
Ejemplos ?
Aun así, Capovilla era capaz de sentarse en su silla y abanicarse, y se mantenía en aquel estado hasta que sucumbió a un ataque de neumonía en la última semana de agosto de 2006, a solo 18 días antes de que se hubieran celebrado su 117° cumpleaños.
Así, por ejemplo, abanicarse rápidamente mirándote a los ojos se traducía como “te amo con locura”, pero si se hacía lentamente, el mensaje era muy distinto: “estoy casada y me eres indiferente”.
Que el tamborileo tiene una significación amorosa no ofrece dudas, pero en adición a él hay que señalar los vuelos que ambos adultos efectúan a partir del mes de marzo y que llaman la atención por la forma de espiral que dibujan en el aire y sobre todo por la gran excitación que los pájaros muestran una vez posados contra el tronco del árbol, dejando las alas entreabiertas y temblorosas tal como si trataran de abanicarse.
Es tambien el que se hace de papél en figúra redonda, hecho pliegues, y pegádo à una varita ò caña puesta en medio, por cuyo pie se toma para ventilar el áire y abanicarse.
a tener que comer, que le asistía, con sujeción al artículo 10 del Convenio de Vergara, y, cuando ya no le quedó más que decir y comenzó a abanicarse en señal de tregua, apoderóse de la palabra el Marqués de los Tomillares y habló en los términos siguientes: (Pero bueno será que vaya también por separado su interesante relación, modelo de análisis expositivo que podrá figurar en la Sección Vigésima de sus obras: Cosas de mis parientes, amigos y servidores).
Estaba demasiado ocupado con el doctor y su mujer para atender a aquel ruego, y como nadie le prestó la menor atención, mistress Mark1eham se vio obligada a continuar suspirando, a abanicarse y a abrir mucho los ojos.
Pepe, ya sentado, colocó el pavero contra la pared, al pie de la silla; desabrochóse el chaleco, se recogió los pantalones, retrepóse gallardamente en la silla y, sacando un pequeño abanico, dio comienzo a abanicarse mientras decía: -¡Camará!, que me han metío en el cuerpo un calenturón que me está jaciendo yesca.