Ejemplos ?
Y sus tostadas mejillas, su mirada melancólica, la voz que del pecho arranca ronquecida y fatigosa, bien a las claras demuestran el dolor que le destroza el corazón, donde hierven sus penas harto recónditas. Llamó a la puerta en voz baja: y en voz amenazadora, «¿quién va?», respondió un portero que los dados abandona.
Para el futuro de la Paz, una retirada precipitada resultaría en un desastre de inmensas proporciones. Una nación no puede permanecer grande si traiciona a sus aliados y abandona a sus amigos.
Más, en verdad, me pluguiera conducirte a una pagoda india, o a un chinesco alcázar de estalactíticas bóvedas de cedro eterno y fragante incrustado de oro y concha, de marmóreos pavimentos que orlaran densas alfombras, de techumbres sostenidas por columnas salomónicas, basadas sobre elefantes de negros pies y áureas trompas, de salones alumbrados por perfumadas antorchas, con son de música y fiesta estremecida su atmósfera; circundados de jardines encantados, de frondosas arboledas, y cascadas espumantes y sonoras; pero, ¡ay, lector!, el Oriente mi errante ingenio abandona y cierra de la Edad Media las caballerescas crónicas, para contarte del siglo de las luces una historia tan tenebrosa y confusa como su luz y sus glorias.
Vencido el desventurado por fuerza más poderosa que la suya, y atrás viéndose dejar por las voladoras alas del tiempo, a quien nadie puede atajar, se abandona a un desaliento sombrío; las lágrimas se le agolpan a los párpados, y de ellos, antes que saltando corran, su faz con las manos cubre, la frente en la mesa apoya, y piensa… ¡ay!
La totalidad de estos procesos se caracterizan por ser interactivos y funcionan hasta que la situación problemática se resuelve o se abandona.
¿Quién amansará la furia de este amor y esta conciencia, que para herirme se juntan?» Y es cierto cuanto en su duelo la niña infeliz pronuncia, porque don Juan la abandona, harto ya de su hermosura.
No se orienta con tino, o se le sobreprotege o se le abandona, y muy pocas veces se respeta la personalidad de quien está sembrado de dudas, pues sólo encuentra, o comparaciones y reprimendas, o excesivas facilidades que lo prostituyen.
Ni un solo rayo atraviesa por las infinitas bocas que ofrece a la luz y al aire la única vidriera rota, porque abismado en sí mismo Genaro su arte abandona y en el abandono viven desconocidas sus obras: pues, sin otra compañía que sus pesadumbres propias, con sus pesadumbres vive y sus pesadumbres llora.
Baba tableteó nuevamente con los dedos y los nudillos en el fondo del tambor: -Escuchad al Ciego prudente... Tú, comerciante, que tienes los oídos tapados con cera, quítate la cera de los oídos. Abandona tu mostrador.
Se adquieren del mismo modo las cosas cuya propiedad abandona su dueño, como las monedas que se arrojan para que las haga suyas el primer ocupante.
Se me ocurre luego darme un paseo por esas tierras para ver cómo andan las cosas y viene un bribonzuelo y me abandona atado en medio del mar.
No obstante, el inquieto lema de Rabelais: “gozar del saber y del aprender hasta en el descanso” no abandona en ningún momento la vida del discípulo: “Pero aunque aquel día lo pasaban sin libros ni lecturas, no lo pasaban sin provecho, pues en aquellos hermosos prados recitaban a Virgilio, a Hesíodo...” Así, en la educación de Gargantúa y en la educación de los Thelemitas, Rabelais enfatiza en dar al ser humano una sabiduría basada en la naturaleza, en la actividad, en la novedad constante y en la libertad creadora.