Ejemplos ?
Mejor nos estamos a oscuras; de esta manera Dios sabe lo que uno puede topar a tientas; vez hay que se anda uno a buscar tal cosa, y se encuentra debajo de la mano tal otra que no había visto.
Soy de los hombres más ineptos para esto de caminar a tientas, no obstante mi condición de miope, que debiera haberme familiarizado ya en el arte de vencer obstáculos y ver claro en la oscuridad más turbia.
Se abrió sobre el pasillo ancho, sombrío y glacial, por el cual avanzó a tientas la loca, guiada por un débil reflejo, una raya de claridad lejana.
Pretender que la política y la guerra marchen al grabo de nuestros proyectos, obrando a tientas con sólo la pureza de nuestras intenciones, y auxiliados por los limitados medios que están a nuestro arbitrio, es querer lograr los efectos de un poder divino por resortes humanos.
Tal era la inclemencia de la noche, que sin detenerme a meditarlo, resolví entrar, y gané a tientas la escalera, mientras el galgo preso en la cuadra se desataba en ladridos haciendo sonar los hierros de la cadena.
¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, con el alma a tientas, con la fe perdida, llenos de congojas y faltos de sol, por advenedizas almas de manga ancha, que ridiculizan el ser de la Mancha, el ser generoso y el ser español!
Subió la escalera a tientas, reparó al llegar a otra puerta cerrada, en que iba a obscuras; encendió un fósforo, abrió la puerta que tenía delante, entró en la portería, contigua al salón principal; encendió un quinqué, de petróleo, que aún tenía el tubo caliente, pues era el mismo con que momentos antes se había alumbrado; entró con su luz en el salón de la Biblioteca, buscó sus libros y manuscritos, que tenía separados en un rincón, y a los cinco minutos trabajaba con ardor febril, olvidado del mundo entero, sin oír los disparos que sonaban cerca.
Fernando maldijo su suerte, su mala memoria que no le había hecho recordar que tenía poco petróleo el quinqué... en fin, recogió los papeles de prisa, y salió de la Biblioteca a obscuras, a tientas.
Hízose de una cuerda y de un canasto, y, cerca de las doce de la noche señalada para llevar adelante la hechicería, se dirigió a tientas hacia el zaguán, llevando por la mano a Zuleima, que temblaba como la hoja en el árbol.
Dialogaré con la naturaleza y huiré de todo ser humano en lo que sea posible.» Aquí llegaba el de la corte con sus meditaciones sin notar que el sol había apagado su último reflejo, y que, por ende, la noche había dejado su habitación envuelta en la más impenetrable oscuridad, cuando un ruido estrepitoso, sobre el techo de la alcoba, le hizo dar un salto en la silla y buscar en seguida, a tientas y acelerado, la puerta, pensando que se hundía el tejado solariego.
Pues nada; él se da tal maña en arreglarlo y cuidarlo, que suena que es una maravilla... Como que lo conoce de tal modo, que a tientas...
Media docena de esos hombres de buen gusto, que a todo van a un baile más que a bailar, se hicieron las siguientes reflexiones: «Que la pasión de la danza tiene hondas raíces en la buena sociedad de este pueblo, es innegable: nosotros la hemos visto bailar sobre el húmedo retoño de las praderas, entre las coles y cebollinos de las huertas, sobre los guijarros de la Alameda y sobre los adoquines del Muelle; derretirse los sesos bajo un sol africano a las cuatro de la tarde, por llegar a las cinco a la romería y bailar en ella hasta las siete; volver después, al crepúsculo, medio a tientas, por callejas y senderos, y aliquando meterse en barro hasta las corvas...