Ejemplos ?
Y ante la debilidad de la propuesta gubernamental, los intereses empresariales operaron a sus anchas: Los empresarios preguntaron qué sucedería si la apertura de la banda resultaban insuficiente y no resistía.
Pocos días después, salieron entrambos en una silla de posta, que debía dejarlos algunas leguas antes de llegar al pueblo, pues el amigote de don Silvestre quería hacer poco ruido para conservar el más rigoroso incógnito, a fin de gozar más a sus anchas y en completa libertad todas las delicias que se prometía de la vida campestre y descuidada.
Entretanto, Rodolfo, con Madame Bovary, subió al primer piso del ayuntamiento, al salón de sesiones, y como estaba vacío, dijo que allí estarían bien para gozar del espectáculo a sus anchas.
Igualado el terreno, volviose, y sin derramar una lágrima ni proferir un suspiro, se alejó de allí, ofreciendo las trazas de un inofensivo demente, que se aparta de los cuerdos para cavilar a sus anchas.
Contemplando estaba a sus anchas, con los ojos metidos por los cristales de los gemelos, cómo la familia del monarca se despedía del público, a los acordes de la marcha real, cuando oyó dos silbidos a su lado, muy cerca y toses y otros ruidos subversivos...
Y hacían política los cabildantes por el mismo motivo que hoy, y los doctores de la real y pontificia Universidad para acrecentar el prestigio del capelo verde o del capelo morado, y los comerciantes para contrabandear a sus anchas, y hasta el pacífico pueblo por darse aires de importancia, mezclándose en lo que no le va ni le viene conveniencia.
El campo, en estas alturas, era entonces poco poblado, las estancias extensas y mal delimitadas; muchas tierras -la mayor parte- pertenecían al Gobierno, y éste las vendía o las arrendaba con facilidades de pago a los que las pedían; pero muchos, todavía despreciaban estos campos del sur, anegadizos que eran en muchas partes, poco seguros, expuestos siempre a las incursiones de los indios, pudiendo allí, el gaucho, entregado a sí mismo, vivir a sus anchas, errante, haragán, vicioso y peleador, en medio de una abundancia extrema de lo único que necesitase: carne, sebo y cuero.
Peggotty y su labor, con su Saint Paul y su pedazo de cera, se encontraban tan completamente a sus anchas como si nunca hubieran conocido otra casa.
Como estaba rodeada de gentes con las que no me parecía que podia estar muy a sus anchas casi me alegré cuando le oí decir que sólo podía continuar en Londres pocos días, a pesar de mi pena por perderla.
Por casualidad fue cierto día a pasear por el mismo bosque donde había encontrado a Roquete el del Copete, y al dirigirse a aquel punto solitario tuvo el propósito de discurrir más a sus anchas respecto a lo que debía hacer.
¡Cuando se tiene fortuna y se está soltero!... Por lo demás, nuestro amigo se divierte a sus anchas, es un bromista. El señor Langlois me ha contado...
Se permitía, como corta recompensa a su renuncia, el placer material, y para ella voluptuoso, de aflojarse mucho la ropa, de dejar a la carne invasora y blanquísima (eso sí) a sus anchas, como en desquite de lo mucho que inútilmente se había apretado cuando era delgada.- «¡La carne!