Ejemplos ?
Cuando quiso después, volvió aquella ave, y arrió las alas descendiendo a plomo, como desciende halcón del cielo grave, si ve elevarse un ánade o un palomo.
Alrededor del rancho la tierra blancuzca del patio, deslumbraba por el sol a plomo, parecía deformarse en trémulo hervor, que adormecía los ojos parpadeantes de los fox-terriers .
Lo distingue muy bien; y ve los hilos oscuros de sudor que arrancan de la cruz y del anca. El sol cae a plomo, y la calma es muy grande, pues ni un fleco de los bananos se mueve.
Se acrecienta la tormenta, los clamores de las víctimas se confunden con los gritos de los bárbaros, crujen las gruesas vigas que sostienen los techos, y caen estos a plomo sobre la confundida multitud.
Por ultimo, algunas frases vagas e incoherentes que preceden al Silencio, que, con un dedo sobre el labio, se sienta a la par de los amantes sin ser sentido. VIII El sol cae a plomo sobre la gran llanura.
l sol caía a plomo sobre la desierta carretera; lucía el cielo su más deslumbrante azul; la montaña, los tonos más brillantes y más rojizos de sus laderas, el verde más lozano de sus viñedos y el oscuro más intenso de sus retorcidos olivares; ora medio escondidos entre los repliegues del monte, ora sobre sus bien soleadas cumbres, destacábanse acá y acullá los blancos caseríos sombreados por copudos algarrobos...
—Ah!...Ciriaca—exclamó con un hipo violento. Enseguida extendió los brazos y cayó a plomo sobre Sanabria. El cuerpo de éste se estremeció; y apagose de súbito el pálido brillo de sus ojos.
Las pizarras del tejado dejaban caer a plomo un calor pesado, que le apretaba las sienes y la ahogaba; se arrastró hasta la buhardilla cerrada, corrió el cerrojo y de golpe brotó una luz deslumbrante.
Dé, a quien tenga, la rasón dejesé de compadradas, cuando la gente es malvada caigales por sobre el lomo ansí como cai a plomo el agua de una quebrada.
Hacia otra parte, entretanto, dos africanas llevaban arrastrando las entrañas de un animal; allá una mulata se alejaba con un ovillo de tripas y resbalando de repente sobre un charco de sangre, caía a plomo, cubriendo con su cuerpo la codiciada presa.
Creo yo que tiene él o diez mil o más escrituras, y no así, como se hace, en un palimpsesto referidas: papiros regios, nuevos libros, nuevos ombligos, cinchas rojas de membrana; alineadas a plomo y con pómez todas igualadas.
¿Es ése o no un natural mediodía de los tantos en Misiones, en su monte, en su potrero, en el bananal ralo? ¡Sin dada! Gramilla corta, conos de hormigas, silencio, sol a plomo... Nada, nada ha cambiado.