Ejemplos ?
-Me parece a mí -dijo Lola mirando a hurtadillas al Ecijano, que oyendo al señor Curro habíase puesto pálido como un muerto- que está usté la mar de dequivocaíllo, que Consuelo no canta si es que se lo píen por el hombre más bonito y más pinturero del barrio que usté ha mentao.
Sin embargo, en la enfermería, cuando entraba por la mañana o al participar, en la comida, del vino que había comprado a hurtadillas para nosotros, tarareaba siempre entre dientes: "Levantasi, muchachi", etc.
Una vez en la calle examinando su semblante reparé que tenía algo importante que comunicarme, pues observábame a hurtadillas, mas me retuve en la curiosidad, limitándome a pronunciar un significativo: —¿Y?...
Una noche, la pasión del trabajo, la exaltación de la fantasía creadora pudo en él más que la prudencia, y a hurtadillas de su mujer y de sus hijos escribió y escribió horas y horas a la luz de un quinqué.
El público estaba representado por un chico con una bufanda y un hombre de raído indumento que mordisqueaba a hurtadillas un mendrugo de pan que sacaba de su bolsillo y se calentaba al lado de la estufa que había en el centro de la sala.
Cuando al oscurecer volé a casa de miss Mills y la vi, a hurtadillas, en una antecocina, donde había una lixiviadora, y le supliqué que intercediera con Dora y que nos salvara de nuestra locura.
El empleado echó una mirada a hurtadillas a su interruptor y una escéptica sonrisa invisible en la oscuridad plegó sus delgados labios al distinguir la larga hilera de lucecillas que se aproximaban.
Su generosa hija, al contrario, se hubiera privado de su propio sustento para que lo tuviera el pobre y a menudo se la había visto ir a llevar a hurtadillas todas las cantidades destinadas para sus placeres.
Las palabras de Joselito hicieron inmutarse al Torongiles que contempló a hurtadillas, lleno de asombro, a su rival; el principio de embriaguez en él producido por los diez o doce cortados que acababa de trasegar desapareció como por arte de encantamiento; ¡qué sorpresa!
Y Dolores salió de la sala, mientras Rosario volvía a la costura, no sin recrearse en mirar a hurtadillas a Joseíto, que seguía avanzando con dirección a la reja al paso airoso y lento de su cabalgadura, un potro de gran alzada, de cabos finos y de aventadas narices que enarcaba el robusto cuello como enorgullecido de su gallardo jinete.
Tu potranquilla está educá por ti como si la hubieran educao los mismísimos serafines, y no es capaz de premitir que le jurgue ni a la crin otro jinete ni manque sea el Apóstol, asín es que tú la puées dejar sola sin temor ninguno, y pa castigar a ese mal gachó, tan y mientras él anda acechándote tu potranquilla de oro, tú lo que debes jacer es dirte por sus cubriles, porque sería la mar de regracioso que la tuya, al arrimarse él, le pusiera los cascos en el perfil, y que tú, tan y mientras, recogieras la suya y te la llevaras detrás de ti como si fuese un mansísimo, un cordero.» -Pos que me maten si yo pesquibo naíta de ese romance -dijo el Tabardillo, mirando a hurtadillas al Pijota...
Doña Máxima lloraba cuando podía, a hurtadillas, de noche, en la iglesia, y cuando apoyaba la ya arrugada frente en los vidrios para mirar al mar, que con su voz pavorosa le murmuraba secretos.