Ejemplos ?
Había visto a los negros de su padre arrastrarse sobre las manos y las rodillas para divertirlo: en esta posición los había montado, «haciendo creer» que los tomaba por caballos. Y entonces, se aproximó por detrás a una de esas formas rampantes, y después, con un ágil movimiento, se le sentó a horcajadas.
-Ahora, aguántate firme. Y, de un salto, el padre Salvador púsose a horcajadas sobre el lomo de su compañera. -Padre..., ¡que pesa mucho!
La actitud que había adoptado me inspiraba algunas sospechas; estaba a horcajadas en una silla, apoyado en el respaldo y teniendo bajo él una vasija preparada para recibir.
Durante aquel tiempo, colocado como a horcajadas sobre el pecho de la niña, con una mano se masturbaba una verga bastante grande y con la otra le machacaba el monte, que para esto debía siempre estar despojado del más leve pelo.
Yo estaba desnuda, acostada en el suelo sobre un colchón, y él a horcajadas sobre mí; me echa su mojón en el gaznate y el cochino lo come en mi boca mientras me riega las tetas con su semen.
Se instala, me pongo a horcajadas sobre él, le meneo la verga, él sostiene mis caderas con las manos y recibe, trozo a trozo, lo que voy depositando en su pico.
Cubre este lujo pesetero de la naturaleza un riñón atrofiado de los Andes. Sobre él a horcajadas está el pueblecito. Los gallinazos, esos poetas que giran en la altura, deben contemplarlo desde allá como el delineamiento de un alacrán.
Se les encierra juntos, vuelo yo hacia mi agujero y veo a mi hermana sentada a horcajadas, desnuda, en un gran bidet lleno de champaña y a nuestro hombre, armado con una gran esponja, inundándola, limpiándola y recogiendo con cuidado todas las gotas que corrían por su cuerpo o goteaban de la esponja.
Cuando ésta hubo terminado y, como supondréis muy bien, no fue sin terribles náuseas por parte de aquella infortunada, cuando hubo terminado, digo, la hizo acostarse en el suelo de espaldas, se puso a horcajadas sobre ella, se le cagó sobre los senos y, apretándolos el uno contra el otro, se limpió con ellos el trasero.
Uno de sus juegos consistía en dejarse resbalar, con otros niños de su edad, a horcajadas sobre el pasamanos, ejercicio que despertaba en él excitación sexual.
Yo no conozco las estadísticas de alienación en el personal de los hospicios; pero no cambio los posibles trastornos que mi locomotora con un loco a horcajadas pudiera discurrir por los caminos, con los de cualquier deprimido psiquiatra al frente de un manicomio.
La pequeña, que habiendo logrado calzar el pie, iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente, sintióse cogida de la pierna.