Ejemplos ?
Léase el acta de la otra audiencia y la de hoy, si está acabada. Villar, muerto de risa, a gatas podía leer, pero se sacó bastante bien el lazo.
En fin, vió que traía un pedazo de queso de razonable peso y un relleno de huevos y tocino Atis, en fruta que produce el pino entre menuda rama, en la falda del alto Guadarrama, por donde van al bosque de Segovia; y luego, en fee de que ha de ser su novia, dos cintas que le sirvan de arracadas, gala que sólo a gatas regaladas, cuando pequeñas, las mujeres ponen.
Finalmente: cuando creemos conveniente, después que nos divertimos grandemente, decidimos que al salvaje el resuello se le ataje; y a derechas lo agarra uno de las mechas, mientras otro lo sujeta como a potro de las patas, que si se mueve es a gatas.
Fue condenado un abogado porque tenía todos los derechos con corcovas, cuando, descubierto un hombre que estaba detrás deste a gatas, porque no le viesen, y preguntado quién era, dijo que cómico; pero un verdugo, muy enfadado, replicó: -Farandulero es el señor; y pudiera haber ahorrado aquesta venida, sabiendo lo que hay.
Lo que seguramente no encontrarás allí, aunque te desojes, aunque trepando a los corpulentos árboles los escudriñes rama por rama y hoja por hoja, y echándote a gatas examines grano de arena por grano de arena con un microscopio, es un poeta romántico, cosa rara habiendo tantos en Sevilla y siendo la Alameda Vieja el sitio más a propósito del mundo para recibir inspiraciones melancólicas y sepulcrales, de las que andan tan en boga.
Cañuela y Petaca que, con las greñas sobre los ojos, caminaban a gatas a lo largo de un surco, se enderezaron consultándose con la mirada, y luego, sin cambiar una sola palabra, siguieron adelante resueltos a morir de cansancio antes que renunciar a una pieza tan magnífica.
No se podía replicar ni una palabra, había que obedecer; todavía a gatas, metí la cabeza en la artesa y, como todo era muy limpio y bueno, me puse a comer con los perros, los cuales, muy cortésmente, me dejaron mi parte sin la más mínima disputa.
Pos bien: cuando más a gusto estaba el chaval, se viene de Córdoba el Zancúo, y como al Zancúo le gusta la Pinturera desde que andaba a gatas, y como la Pinturera lo que tiée por corazón es un billete de circulación forzoza, y el Zancúo to se le guerve rumbo y tumbagas y calabrote....
A los principios de la puente, las barbacoas eran algo altas; pero al medio estaban más bajas y no muy tirantes con el peso y la carga. El que tenía que pasar estaba forzado a ir a gatas, asiéndose de las barandas, y mal podía llevar carga.
Aquella noche, el coño de Rosette es entregado para su posesión; cuando Curval y el duque la han jodido a gusto, la azotan, ellos y sus amigos, en el coño. Ella está colocada a gatas y los golpes van dirigidos hacia el interior con unas disciplinas.
Estaban entonces almorzando en el aposento de las muchachas, Constanza recibió la orden de presentarse, el presidente cagó en medio de la estancia y se le mandó que fuese, a gatas, a comer lo que aquel hombre cruel acababa de hacer.
–Güeno –comenzó el narrador–; aunque no tengo más que veinticinco años... –Sin contar los que mamaste y anduviste a gatas –interrumpió Toribio, motivando una réplica violenta de Juan José.