Ejemplos ?
Y rodeada de aromáticos huertos, sobre islotes erigidos a fuerza de sudor, despedía una frescura y un verdor que parecía rodearse de esmeraldas o de jade.
¿Para que sean mayores mi sofocación y mi verguenza? ¿Se ha propuesto usted matarme a fuerza de cuidados? Y dijo a Angustias: -¿Qué importa que yo esté mejor o peor?
-interrumpió el Capitán, frunciendo muchísimo el entrecejo, como si, a fuerza de parecer terrible, quisiese cambiar la efectividad de las cosas- ¿No he cumplido bien tales encargos?
En seguida manifestó en secreto a Angustias y a don Jorge que el mal de doña Teresa radicaba en el corazón, de lo cual tenía completa evidencia desde que la pulsó por primera vez la tarde del 26 de marzo, y que semejantes afecciones aunque no eran fáciles de curar enteramente, podían conllevarse largo tiempo a fuerza de reposo, bienestar, alegría moderada, buen trato y no sé cuántos otros prodigios...
-¡Hombre!... Cuando, a fuerza de trabajar, y con la ayuda de Dios misericordioso, me abra camino en esta vida... -¡Caminos, canales y puertos!
-Pos bien, el cimbel que yo digo es la Mayorala, la de cá de la de los Chícharos, una morucha que me trae frito, que se me ha llevao la mitá de mi parroquia, que le está engordando a la Dolores la barriga por cuasi ná, un cimbel que vale más que un bandurrio y que me va a quitar la vía a fuerza de berrenchilies.
Por esto, no se puede conceder todavía tanta fe a tu demostración, para que tengamos esta confianza en que nuestra alma subsista todavía después de nuestra muerte, porque si alguno dijera aún más de lo que tú dices y se le concediera, no sólo que nuestra alma existe en el tiempo que precede a nuestro nacimiento, sino que nada impide que después de nuestra muerte existan las almas de algunos y renazcan varias veces para morir de nuevo, siendo el alma bastante potente para usar sucesivamente varios cuerpos, lo mismo que el hombre usa varios vestidos; si, concediéndole esto, digo, no se niega sin embargo que se desgasta a fuerza de todos estos reiterados nacimientos y que...
El tendero recogió sus láminas de fondos públicos, y la criada, su mantilla de seda, que se había podido comprar a fuerza de ahorros.
A todo esto, a fuerza de ruegos, y como pago de haber dicho que no serían ahorcados y que llevarían una vejez muy tranquila, había yo conseguido que por las tardes me sacasen de la cueva y me atasen a un árbol, pues en mi encierro me ahogaba de calor.
Después, durante más de una hora, sus pies vagabundos lo llevaron a través de malezas inextricables, y por fin, rendido de cansancio, se acostó en un estrecho espacio entre dos rocas a pocas yardas del río. Allí, sin dejar de apretar su sable de madera, que no era ya para él un arma sino un compañero, se durmió a fuerza de sollozos.
La barca crujía a los embates del mar, de modo cada vez más amenazador; el patrón meditaba con los brazos cruzados sobre el pecho y la desesperación retratada en el atezado rostro. -¿Será menester tirarse a ganar la playa a fuerza de brazo?
Éstas, lo mismo que los anuncios y tablillas expuestas en las calles con letras grandísimas, escapan a la observación a fuerza de ser excesivamente notables; y aquí, la física inadvertencia ocular es precisamente análoga a la inteligibilidad moral, por la que el intelecto permite que pasen desapercibidas esas consideraciones, que son demasiado evidentes y palpables por sí mismas.