Ejemplos ?
Porque en momentos de angustia olvidamos estos sagrados ideales, porque hicimos de nuestras comodidades materiales, concentración de nuestros sentidos y aspiración única de nuestros espíritus, nos hemos visto vejados, ultrajados y deshonrados en nuestras afecciones más caras, sin que a duras penas asomase el sonrojo en nuestras mejillas y palpitaran de vergüenza nuestros corazones.
Pero estas negligencias se repetían tan a menudo, servían tan poco ya las miradas, que le fue preciso al marido recurrir a los pellizcos y a los pisotones; y ya la señora, que a duras penas había podido hacerse superior hasta entonces a las persecuciones de su esposo, tenía la faz encendida y los ojos llorosos.
¡Vive el cielo! ¡Y las oyen tal vez a duras penas! Mal haya para siempre el torpe suelo donde el pícaro sólo hace fortuna...
Un benemérito coronel salió de su casa con ese único fin antes que de costumbre y a duras penas logró abrirse paso entre el gentío; pero, cuál no sería su indignación al ver en el escaparate de la tienda, en lugar de la nariz, una simple camiseta de lana y una litografía representando a una jovencita que se subía una media mientras un petimetre con chaleco de solapas y barbita la espiaba desde detrás de un árbol.
¡Buf! ¡Trabajar! Y eso para medio sostenernos y vivir a duras penas. —No sé por qué ambicionas una vida como la mía. Si pudiéramos decidir antes de nacer, yo hubiera escogido un lugar humilde, aunque tuviera que destrozarme a cada hora para comer, para reír, para existir...
No es justo que los países en desarrollo, que a duras penas con su crecimiento económico han podido superar niveles de pobreza y brecha social, sean precisamente los que tengan que hacerse cargo del pasivo ambiental que históricamente es producto de los países desarrollados, que contaminaron durante décadas al mundo y que como tal tienen que asumir también esa responsabilidad.
Es decir, que el ventorrillo era, hablando en realidad, un portal que a duras penas pudiera ser palomar, donde a comer ni a dormir se han detenido jamás sino pobres peregrinos, mendigos o gente tal.
Eustaquio iba adentrándose a duras penas en aquel río de gente que cruzaba el otro río y discurría con lentitud de un extremo a otro del puente, deteniéndose al menor obstáculo como témpanos de hielo que el agua arrastra, dando vueltas y arremolinándose en torno a algunos escamoteadores, cantantes o vendedores que pregonan sus mercancías.
Rogelio se arrodilla y se persigna, porque ve que así lo hacen todos; esta prueba tan dolorosa de su ignorancia la siente como un dolor. Al romper el coro el Introito torna al llanto, a duras penas contenido.
Diósele a ésta, al cabo, la última mano; pero como la Regencia no se había acordado aún ni el monarca asomaba por ninguna parte, para entretener la impaciencia de los de afuera y los desmayos de los de adentro, a quienes no aliviaban ya los banquetes, por sobrado frecuentes, decretáronse fiestas nacionales, y salió Rivero, el demócrata, a la calle, en lujoso carruaje, precedido de cuatro batidores, seguido de una escolta de honor y llevando al estribo al capitán general de Madrid; formaron los voluntarios en la plaza de las Cortes, se leyó desde un andamio la nueva Constitución, y se le dieron los vivas de ordenanza a duras penas, mientras el general Prim despilfarraba el oro para instalarse regiamente en el palacio del ministerio de la Guerra.
Pero el mismo uniforme no cubría el mismo cuerpo, para decirlo de un modo más simple, era un militar compañero del otro quien se detuvo ante la tienda de Eustaquio, que a duras penas volvía de su espanto y le dirigió la palabra en un tono calmado y muy civilizado.
Si olvida, ciertamente, que estos saldos favorables, son arrancados no al trabajo, no a la abundante producción del país, sino principalmente a la restricción de los consumos, ocasionada por la miseria del pueblo, que a duras penas satisface sus más imperiosas necesidades en estas épocas luctuosas.