Ejemplos ?
No se ve la escena porque lo impide el humo de la cocina, que sale a borbotones por el balconcillo, conductor único que para él hay en la casa.
Mi rincón favorito y acostumbrado, hacia el extremo de la derecha, era, por casualidad, el más frecuentado de sabios; la facultad salmantina, digámoslo así, del paraíso. Allí se derramaba ciencia a borbotones y, al calor de las encarnizadas disputas, se desasnaban en seguida los novatos.
Porque es preciso que tus súplicas te libren de perder á tu desgraciada hija ó que te resignes á ver rodar ante la tumba a la virgen, empurpurada por la sangre que brotara a borbotones de su cuello adornado de oro.
Cuando se acercó al mar, estaba de un color gris, el agua subía a borbotones desde el fondo a la superficie y tenía un olor fétido; se adelantó y dijo: Tararira ondino, tararira ondino, hermoso pescado, pequeño vecino, mi pobre Isabel grita y se enfurece; es preciso darla lo que se merece.
Pensando esto vio que el agua estaba negra y hervía a borbotones, la espuma subía a la superficie y el viento la levantaba soplando con violencia, se estremeció, pero se acercó y dijo: Tararira ondino, tararira ondino, hermoso pescado, pequeño vecino, mi pobre Isabel grita y se enfurece, es preciso darla lo que se merece.
El gigante llenó un caldero con los manjares más exquisitos, encendió leña, se sentó en el hogar, hervía a borbotones el caldo, echó un cigarro, levantó la cabeza al lanzar una bocanada de humo, y vio en la chimenea, entre el hollín, a un viejo que lo miraba con ojos que parecían ascuas.
Y la multitud, que momentos antes bramaba, rugía y quería tomarse la justicia por la mano, se sintió subyugada, aturdida por la misma enormidad del delito y por el cinismo atroz del que lo confesaba. Escuchábanle en silencio, mientras él derramaba a borbotones sangriento lodo sobre la asamblea.
Y ¿qué encontró Meñique cuando llegó al fin? Pues una cáscara de nuez encantada, de donde salía a borbotones el agua clara chispeando al sol.
Asombrábame, cual se asombraría el fonógrafo si fuese consciente, de notar cómo me subían a la boca y se me salían por ella a borbotones las mismas palabras de mis doctores y maestros.
La sangre le corría de la espantosa desgarradura a borbotones, y una contracción de rabia habíale transformado el semblante en una máscara de simio enloquecido.
Trabajo, poco, y un calor de infierno, que irritaba el mal humor de Pepe y hacía hervir en su interior la caldera de las maldiciones, que se escapaban a borbotones por su boca.
Somos como ciertas fuentes que manan con intermitencias o a borbotones; el buen o mal gusto consiste en dirijir el agua Por acueductos de mármol o cauces de tierra.