Alcibíades: Estamos de acuerdo. Sócrates: Por consiguiente, ¿el zapatero y el tocador de lira son otra cosa que las manos y los ojos de que ambos se sirven.
Sócrates: En igual forma, si conocieses los que tocan bien el laúd, ¿no confesarías que este discernimiento le hacías como tocador de laúd y no como picador?
Cogió el abanico y un par de guantes, y, estaba a punto de salir de la habitación, cuando su mirada cayó en una botellita que estaba al lado del espejo del tocador.
JUAN PÉREZ (Origen de este reirán) Créanme ustedes, por la cruz con que me santiguo, que en cierta villa del Perú, que no determino pwr evitarme de- sazones, existía un tocador de harpa tan eximio que, en cer- tamen ó concurso musical, habría dejado tamañito al mismí- simo santo rey David.
Alrededor de toda la pared —menos en el lugar en que estaban los muebles, el gran ropero, la cama y el tocador— había colgadas innumerables regaderas de todas formas y colores; recibían el agua de un gran recipiente de vidrio parecido a una pipa turca, suspendido del techo como una lámpara; y de él salían, curvados como guirnaldas, los delgados tubos de goma que alimentaban las regaderas.
Mi anfitrión, una vez que me indicó el lugar de la campanilla, y se hubo asegurado de que el azucarero estaba lleno, los frascos de colonia bien situados en el tocador, y después de preguntarme repetidamente si no me faltaba nada, me deseó buenas noches y me dejó solo.
Y el pelo, chorreante, caía por las espaldas, y los rostros perdían el ligero artificio del blanquete y del rosa de
tocador y aparecían lívidos, espectrales, con el brillo de hule de la mojadura y la palidez de la cruel, aguda sensación de frío...
Emilia Pardo Bazán
El rincón, allá contra la pared, es el cuarto de dormir de las muñequitas de loza, con su cama de la madre, de colcha de flores, y al lado una muñeca de traje rosado, en una silla roja: el
tocador está entre la cama y la cuna, con su muñequita de trapo, tapada hasta la nariz, y el mosquitero encima: la mesa del
tocador es una cajita de cartón castaño, y el espejo es de los buenos, de los que vende la señora pobre de la dulcería, a dos por un centavo.
José Martí
Después, sacó del bolsillo una lista de artículos no pagados aún, a saber: las cortinas, la alfombra, la tela para las butacas, varios vestidos y varios artículos de tocador, cuyo valor ascendía a unos dos mil francos.
Lo que estimula el cuerpo, las armas, los ejercicios violentos, tus cacerías salvajes con los Merizaldes y los Monteverdes; tus negocios complicados; el salón de hidroterapia, la alcoba y el tocador dignos de una cortesana.
Y dicho esto Dolores, fuese al tocador, humedecióse los lagrimales, se restregó rabiosamente los ojos, y besando después a su prima, que la miraba hacer llena de asombro, salió de la habitación como si llevara casi el corazón encogido.
Se incorporó bruscamente aquélla, poniendo al hacerlo de relieve lo escultural de su figura, y colocándose delante del espejo del tocador, dijo, mientras con mano temblorosa colocábase algunas flores purpurinas y una peineta, de doradas incrustaciones, en la rizosa cabellera: -Ya te he dicho que no, y que no y que no; que yo no me he casao contigo pa que tú me encierres a mi en una jaula como si fuese un lúgano.