Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle...
Tan feo volvía y tan Caratejo como se fue. Por
morral llevaba una jícara algo más que preñada; por faja una chuspa oculta y no vacía.
Tomás Carrasquilla
Un día estuvo Masicas más buscapleitos que de costumbre, y el buen leñador salió de la casa suspirando, con el
morral vacío al hombro: el
morral de cuero, donde echaba el pico de pan, o la col, o las papas que le daban de limosna.
José Martí
-Dime qué pescado le gusta más a tu mujer. -Pues el que haya, camarón, que los pobres no escogen: lo que has de hacer es que no vuelva yo con el
morral vacío.
José Martí
Sentado en una de éstas, apoyados los codos sobre la pétrea mesa, Carlos devoraba un respetable revoltijo de huevos fritos, jamón y salsa de tomate, mientras dirigía perezosamente miradas temerosas al fajo de periódicos sin abrir. Detrás de él, morral y escopeta recordaban que aquel hombre venía de cazar.
El mismo santo, al venir con su puntualidad acostumbrada, ha traído en el morral excelentes brevas, y es tan fino y liberal, que dice que para el año que viene traerá lo mismo.
La caza de los hechos... la cartera, morral de noticias ensangrentadas, calientes todavía... Elige empleados de moderada inteligencia, de memoria fiel, de buenas relaciones y sobre todo de piernas ágiles.
l oír sonar el maíz en el morral, el zaino levantó la cabeza, y, sin dejar de mascar la gramilla verde que estaba saboreando cerca de la tranquera, echó una miradita hacia el pesebre.
-«Zaino, vení», dijo el capataz; y el animal regalón echó a trotar, entró al corral y extendiendo el pescuezo, buscó con el hocico la abertura del morral.
El viejo, descorazonado y triste, sin pensar en el desquite se alejaba con tardo paso de aquel infausto sitio cuando de pronto se detuvo sorprendido. El
morral había triplicado su peso.
Baldomero Lillo
Y bien entrado el día, le despertó la prisa que tenía de marcharse temprano, porque no cantó el gallo, o cantó en vano; y viendo que ya había falta hecho, al corral fue derecho, pilló al pobre reloj de carne y pluma, y con presteza suma el pescuezo torciole y en el morral, colérico metiole.
Apuntó con detención y tiró el gatillo: una magnífica perdiz con las plumas medio chamuscadas por el fogonazo ocupó su sitio en el
morral vacío.
Baldomero Lillo