Las personas suelen asustarse con el aspecto físico de Aileen; parece una persona agresiva y bruta, pero en su interior es una mujer realmente afable, cálida, compleja, divertida y sensible, pero muy pocos se treven a entenderla.
DOLMANCÉ: Y haríais bien: una joven nunca debe asustarse por una cosa semejante; la naturaleza y los torrentes de placeres con que os colma, os compensan pronto de los pequeños dolores que los preceden.
Quiero dejaros a vosotros las primeras cosechas, pero estadseguros, sin embargo, de que habréis trabajado en cierto modo para mí. Bueno, Eugenia, ¿ves hasta qué punto no hay que asustarse?
¡Bobería! No se fundieron campanas para
asustarse del repique. Probable es que si el mercedario hubiera podido sospechar que Verónica había hecho de su esclavo algo más que un médico, se habría abstenido de acusarlo.
Ricardo Palma
Pero en seguida volvieron a asustarse, porque el humo gris se cambió de repente en humo negro, y todos sintieron bien fuerte ahora el chas-chas-chas en el agua.
Y yo digo que aquí, realmente, los legítimos propietarios de las tierras eran los indios que encontró aquí Diego Velázquez cuando desembarcó. Pero bueno, no hay que asustarse tanto, que no vamos a hacer una revisión tan amplia del problema de la tierra (RISAS).
Y lo que las viejas llaman horror se me ha deslizado de la cabeza a los pies y me ha asustado a mí mismo. -Creo que nadie más podría asustarse -le dije.
-Pos lo que jizo jué encañonarnos a tós con el retaco diciendo: -No hay que asustarse ni que moverse, caballeros, poique al que píe, lo frío.
Pero cuando los chicos empezaron a asustarse y Thaddeus casi se desmayó al ver la expresión del rostro de su madre al mirarlo, Nahum decidió encerrarla en el ático.
o hay que
asustarse de los medios que se emplean para conquistar la libertad, calificando de barbarie y brutalidad a la acción rebelde.
Práxedis G. Guerrero
Los políticos oportunistas e hipócritas quienes quieren cubrir su cobardia y su interés egoísta con los encajes de una civilización que desconocen, haciendo alarde de sensiblería y de histerismo creen sentar plaza de hermanos; cuando en realidad se encuentran moralmente al nivel de tres animales inferiores: la hiena, el cocodrilo y el ratón; porque les gusta comer cadáveres, porque lloran y porque son el azote de los graneros públicos. La fuerza opresora debe de ser destruida con la fuerza libertadora, sin
asustarse de la fatal necesidad de los medios violentos.
Práxedis G. Guerrero
Como un tiro de jusil Entre la copa sonó, Y a echar llamas comenzó Como si juera un candil. Todo el mundo reculó. Pero el Diablo sin turbarse Les dijo: -No hay que
asustarse, Y la copa se empinó. ―¡Qué buche!
Estanislao del Campo