Lo fundó, en años ya remotos, don Evaristo Luzardo, uno de aquellos nómadas que recorrían —y todavía recorren— con sus rebaños las inmensas praderas del cajón del Cunaviche, pasando de éste al del Arauca, menos alejado de los centros de población.
La enfermedad la había hecho salir de aquel asilo; le habían dado bastante dinero para poder andar algún tiempo sola por el mundo, de fonda en fonda; pero la habían
alejado de sus discípulas.
Leopoldo Alas
—preguntó Sara al barquero apenas se hubieron
alejado de los molinos y como refiriéndose a algo de que ya habían tratado anteriormente.
Gustavo Adolfo Bécquer
Y como nos hubiésemos
alejado algún tanto de la casucha, el médico añadió, hablando lentamente, para que produjesen mayor efecto sus palabras: -Pues esos que acaba usted de ver...
Emilia Pardo Bazán
Casi siempre las leyes, las instituciones y las autoridades, han sido botín de lucha o dádiva de la gracia de un poder mayor, que momentánea o circunstancialmente sirve para intereses personales de poder o enriquecimiento, pero que, casi siempre ha estado alejado de las aspiraciones, tradiciones y valores más profundos, de los millones de mexicanos que han vivido a lo largo de milenios, en lo que hoy conforma el territorio nacional.
Hoy mas que nunca mi cariño pena Y el cielo a triste ausencia me condena. Un olvidado se deshace en llanto, Mas llora porque el suyo es amor ciego; Pero que un justo amor vive alejado Del bien amado.
Cuando los criminales se habían alejado, aparecieron varios TEZCOCANOS que venían dispuestos a auxiliar a IXTLILXOCHITL, pero ya era tarde.
Para dar al adolescente bases presentes que servirán de fundamento al goce estético futuro. La literatura, por experiencia, sugerimos, se ubicará en un plano alejado y cercano al mismo tiempo.
etc. Suscribió esta pieza don Pedro José Viera, el caudillo de Asencio, ya definitivamente alejado del núcleo artiguista entonces.
Así como se habla de escuela nueva, debe hablarse de maestro nuevo, consciente de la época que vive, colocado en la situación progresista de nuestro tiempo, alejado de arcaísmos negativos, dispuesto a convertir el trabajo en algo claro, interesante y útil para los educandos.
No era posible, decimos – y con ello damos fin a esta larga exposición – porque nuestro pueblo en 1825 iba a recobrar una categoría que ya anteriormente había tenido y si no fija expresamente su intención de volver a la comunidad americana de la cual se había alejado por la conquista extranjera señalando para ese regreso la vía lógica impuesta por la geografía que otrora siguió; si no se presenta alta la frente a decir a los hermanos que estaba lista para lo que llamó Artigas “la continuación”, también cierto es que nos habría correspondido a los orientales, por lo menos, el cargo irredimible de desertores de esta inmensa y gloriosa agrupación de pueblos creada hace cuatro siglos por el genio realizador y generoso de España.
Durante la década 1860 – 1870, Mitre debió – lógicamente – vivir alejado de las tareas y preocupaciones, evidentemente ya muy caras para él, de historiador.