Entre nosotros, aunque hay muchos incestos, no hay ningún
adulterio; y, cuando le hay en la mujer propia, o alguna bellaquería en la amiga, no vamos a la justicia a pedir castigo: nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas o amigas; con la misma facilidad las matamos, y las enterramos por las montañas y desiertos, como si fueran animales nocivos; no hay pariente que las vengue, ni padres que nos pidan su muerte.
Miguel de Cervantes
Amar temblando, porque al través de la puerta de la alcoba, tibia y perfumada por los besos, se oía el ruido de los pasos y de las armas de los matones enviados por el marido, que subían a vengar la afrenta; amar orando, porque la Dama revestía aspecto de Madona; amar sin satisfacer el amor e inmortalizando el nombre de Ella en canciones o en estatuas, ser Benvenuto Cellini o Godofredo, Alighieri, Petrarca o Miguel Angel, cuando Ellas se llamaban Beatriz Portinari, Laura o Vittoria Colonna, fue empresa de hombres; pero hoy, en estas sociedades decrépitas, en que el adulterio es fácil y practicable sin peligro...
Se arrepentía como de un crimen, de su virtud pasada, y lo que aún le quedaba se derrumbaba bajo los golpes furiosos de su orgullo. Se deleitaba en todas las perversas ironías del adulterio triunfante.
Díceles: Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. 19.9. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer no por fornicación y se case con otra, comete
adulterio. 19.10.
La Biblia (Nuevo Testamento)
Cualquiera que hubiese escuchado estas conversaciones, hubiera creído que los censuradores de aquel adulterio, volverían despreciativamente su espalda a los adúlteros; y, sin embargo, a medida que el grupo, origen de tan varia y justa murmuración, llegaba cerca de los que se ocupaban en criticarlo, las injurias cesaban, en todos los labios aparecía una sonrisa de afecto, los hombres se quitaban el sombrero, inclinábanse las mujeres cortésmente, y palabras cariñosas de A los pies de usted, Marquesa.
Las apariencias, sin embargo, eran más tranquilas que nunca, pues Rodolfo había acertado a llevar el adulterio según su capricho; y al cabo de seis meses, cuando llegó la primavera, se encontraban, el uno frente al otro, como dos casados que mantienen tranquilamente una llama doméstica.
Pues fue crimen de muchos inventar todo género de malicias y de engaños y recurrir a la crueldad, a las injurias y al adulterio al objeto de alegar motivos con que disolver impunemente el vínculo conyugal, de que ya se habían hastiado, y esto con tan grave daño de la honestidad pública, que públicamente se llegara a estimar de urgente necesidad entregarse cuanto antes a la enmienda de tales leyes.
Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. 5.27. Habéis oído que se dijo: No cometerás
adulterio. 5.28.
La Biblia (Nuevo Testamento)
Además, Carlos la esperaba; y ella sentía en su corazón esa cobarde docilidad que es, para muchas mujeres, como el castigo y al mismo tiempo el tributo del adulterio.
¡Y que llegase su licencia a tanto, que no digo a un varón consular, no a un amigo, sino a cualquier marido, se atreviese un príncipe a contar su adulterio y su fastidio!
Pero, el padre de él, que de su nacido violó el lecho se dice y esta pobre casa ultrajó, sea porque su impía mente de ciego flagraba amor, 25 o sea porque inerte, de estéril simiente, su nacido lo fuera, de modo que buscar se hubiera de dónde † † un más nervoso algo que pudiera un ceñidor soltar virgíneo.” “Egregio narras, y de admirable piedad, un padre, que él mismo, de su hijo, se meare en el regazo.” 30 “Mas con todo, no solo esto dice que ella conocido tiene Brixia, la que al cigeno mirador está sometida, ante la que el flavo Mela corre, de muelle corriente, Brixia, de la Verona mía madre amada, sino que sobre el postumio amor, y el de Cornelio, narra, 35 con los que ella mal adulterio hizo.
Y la muchacha, que por primera vez acudía a una cita amorosa, al ver sorprendido su secreto, deshizo camino y salvó de caer en el abismo del
adulterio.
Ricardo Palma