Ejemplos ?
La estolidez apaga toda lumbre, la canalla servil todo lo frustra; no llega el Hombre a la dorada cumbre, ni a su Gran Mediodía Zaratustra.
¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras aquellos a quienes iluminas! Zaratustra volverá a pronunciar esta misma invocación al sol al final de la obra.
A quien aquí quiere bajar, ¡cuán rápido le engulle la profundidad! — Pero tú, Zaratustra, ¿amas el abismo todavía, al igual que el abeto lo haces?
Untergehen es en primer término, literalmente, «caminar ( gehen ) hacia abajo ( unter )». Zaratustra, en efecto, baja de las montañas.
Cuando Zaratustra tenía treinta años, abandonó su patria y el lago Urmi y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo.
¡Bendice la copa la cual quiere desbordarse para que el agua de oro fluya de ella y lleve a todas partes el reflejo de tu deleite! ¡Mira! Esta copa quiere volver a vaciarse, y Zaratustra quiere volver a tornarse hombre.« – Así comenzó el ocaso de Zaratustra.
El mencionado aforismo lleva el título Incipit tragedia (Comienza la tragedia) y es el último del libro cuarto de La gaya ciencia, ti tulado Sanctus Januarius (San Enero). = Cuando Zaratustra tenía treinta años Es la edad en que Jesús comienza su predicación.
¡No te vayas!, dijo entonces el caminante que se llamaba a sí mismo la sombra de Zaratustra, quédate con nosotros Remedo de las palabras que los discípulos dicen a Jesús tras la resurrección, durante la cena en Emaús.
Y tú señor Lao-Tsé de los senderos luminosos empinado en Himalayas crueles, te hacen contemplar la siempre dieta de la India para robarle un poco de mercado al gordito de la suerte -¡lotería!- que medita como loto iluminado y crece en su propia alegoría -siempre sereno- ofreciendo la panza suertuda a los viajeros que de tanto buscarse un buen nirvana terminan comprándose nostalgias en el club más refinado en cortesías jalando palos de golf y hasta raquetas en un ping-pong que les serena el alma tras su cabeza de campana y champán a secas. Y Zaratustra, señor de las llamas apagadas, arrinconado en la montaña absurda de cualquier filmador de símbolos jocundos.
Estos reyes, sin duda, aún ponen ante nosotros buena cara: Mas si no tuvieran testigos, apuesto a que también en ellos recomenzaría el juego malvado, — el juego malvado de las nubes errantes, de la húmeda melancolía, de los cielos cubiertos, de los soles robados, de los rugientes vientos de otoño, — el juego malvado de nuestro rugir y gritar pidiendo socorro: ¡quédate con nosotros, oh Zaratustra!
Como podrá verse por toda la obra, Zaratustra es en parte una antifigura de Jesús. Y así, la edad en que Jesús comienza a predicar es aquella en que Zaratustra se retira a las montañas con el fin de prepararse para su tarea.
Véase el Evangelio de Lucas, 3, 23: «Éste era Jesús, que al empezar tenía treinta años». En el buscado antagonismo entre Zaratustra y Jesús es ésta la primera de las confrontaciones.